El
exministro de Seguridad y encargado de la Agencia Regional Norte de la Unidad
de Información Financiera (UIF), Eduardo Sylvester, confirmó que el organismo
se constituirá como querellante en la causa contra el narco Delfín Castedo.
“Estamos tratando de enfocar
estratégicamente nuestro trabajo en algo que no se ha hecho habitualmente, o
que se ha hecho de forma más dispersa estos años, y es tratar de ubicar a las
organizaciones criminales”, señaló Sylvester y puntualizó: “A partir de la
detención de Delfín Castedo, que hizo que se reactivaran un montón de
investigaciones, la UIF
se presentó y fue aceptada como querellante. Lo mismo ha pasado con el caso del
concejal de Salvador Mazza, Mauricio Gerónimo”.
“Queremos aportar para que los jueces
federales no solamente condenen a las personas por tener drogas sino por las
ganancias que producen, porque esa plata es ilegal y queremos que el golpe
concreto a una organización sea efectivo para que no puedan seguir operando”,
concluyó el funcionario.
El abogado de castedo: Traficó 5.000
kilos de cocaína, tiene 9 causas por drogas y sólo pasó 15 meses en prisión
Carlos Salvatore, condenado a 21 años de cárcel por el caso “Carbón Blanco” es abogado.
Está internado en un lujoso sanatorio y pide que lo dejen regresar a su casa.
¿Cuán impactante es para la opinión
pública que un hombre condenado a 21 años por narco -al que se acusa de haber
contrabandeado unos 5.000 kilos de cocaína a lo largo de una década– haya
pasado apenas quince meses preso y esté a punto de volver a su chalet de
Belgrano debido a su estado de salud? Eso es lo que se pregunta y repregunta
Carlos Salvatore (59 años, abogado, casado, tres hijos, dos nietos), el líder y
la cara más conocida de la megacausa “Carbón Blanco”. El tema de la “repercusión
pública” lo tiene muy preocupado porque teme que la justicia dilate o incluso
frene la internación domiciliaria que aconsejan los médicos.
Desde el 3 de agosto de este año, Salvatore vive en una suite en el cuarto piso
del coqueto Sanatorio Los Arcos, en Palermo. Su prepaga intentó acortar su
estadía, pero él logró que se hiciera
lugar a un amparo. Allí sigue en parte también porque ningún hospital público
quiso aceptarlo y a la cárcel no puede volver.
El 8 de septiembre, una junta médica integrada por especialistas
nombrados por su defensa, forenses de la Corte Suprema de la Nación y un perito
de la Procuraduría de Narcocriminalidad (PROCUNAR) dictaminó que su condición
cardíaca era crítica y recomendaron su “internación domiciliaria”, ya que el
penal de Ezeiza –donde estaba alojado– no cuenta con unidad coronaria y está a
“más de una hora y media de cualquier complejo médico que pueda salvar su
vida”.
Por pedido del fiscal federal de Chaco
hoy se realizará una nueva pericia. Y Salvatore cree que es posible que se
apague la luz al final del túnel que lo lleva a su lujoso chalet de la calle
Melián al 2100. De allí salió esposado el viernes 8 de mayo de 2015. Su prisión
domiciliaria fue revocada luego de que amenazara con mandar matar a la jueza
federal chaqueña Zunilda Niremperger, quien llevó adelante el caso “Carbón
Blanco” (una tonelada de droga secuestrada en Portugal), la única causa grande
que llegó a condena. “Yo pago este homicidio, pero ella se muere”, le dijo
Salvatore por teléfono a su esposa, que acababa de ser detenida por Niremperger
acusada de lavado de dinero. Las disculpas posteriores no le sirvieron de nada.
La cuestión no es sencilla. Salvatore es
un hombre muy enfermo, según coinciden todos los médicos. Pero también es, de
acuerdo a la Justicia, uno de los narcos más importantes de la Argentina, un
hombre sobre el que ya pesa una condena y que está acusado en otros ocho
procesos relacionados directa o indirectamente con el tráfico de cocaína.
En orden cronológico, Salvatore es
señalado como el cerebro detrás de un envío de 1.000 kilos de cocaína
decomisados en Valencia en 2005, causa por la que el juez federal de Lomas de
Zamora, Federico Villena, lo procesó el
pasado 14 de octubre. A este expediente le sigue: “Membrillo Blanco” (250 kilos
de droga secuestrada, en 2008 en Lima, provincia de Buenos Aires); (762 kilos secuestrados en Bilbao en 2010); “Cocaína Negra” (350 kilos decomisados en
Salta en 2011); y “Peras Blancas” (1.200 kilos encontrados en Campana). La
lista de expedientes (en todos ya está procesado) se completa con una causa por
lavado de dinero, a cargo de Niremperger –en la que Salvatore fue procesado
junto a su esposa y su suegro y embargado por 760 millones de pesos– y la de
las amenazas a la misma jueza.
A la última investigación, por la que
fue indagado hace pocos días en Los Arcos,
algunos la llaman “el cargamento fantasma”. Se trata de 12 kilos de
cocaína secuestrados en Portugal y que formarían parte de un envío de 500 kilos
que no se pudieron ubicar. Este decomiso (un olvido de los narcos en un galpón
según la Policía portuguesa) fue el que dio pie la investigación que terminó en
Carbón Blanco en 2012. En este caso Salvatore quedó comprometido luego de que
se secuestrara en su estudio la copia de una imagen cuya leyenda al pie decía
“carga sospechosa”. Un bien nutrido grupo de funcionarios aduaneros ya fue
indagado bajo la sospecha de que cobraron coimas para dejar pasar la droga
rumbo a Europa.
Calculadora en mano estos cargamentos de
cocaína cotizan unos 150 millones de euros en el mercado europeo. Claro que
Salvatore niega rotundamente tener algo que ver con esa droga. “Yo solo
defiendo narcos, soy abogado”, repite y jura que es muy bueno en su trabajo: “A
los cinco años ya sabía leer y escribir. A los 10 terminé la primaria ya los 16
la secundaria”, se jacta por teléfono. A pocos metros de él, pared de por
medio, tres penitenciarios musculosos lo custodian día y noche. Nadie lo
subestima.
Firmas
falsificadas para viajar al exterior y hacer desaparecer su prontuario
Salvatore
también utilizó certificados truchos para engañar a un juez y recuperar dinero
de un narco.
El
narco Delfín Castedo,
recapturado en julio, fue uno de los clientes de Salvatore. En ese momento
cometió una de sus estafas.
Según los registros de la Procuraduría
de Narcocriminalidad (PROCUNAR), para el año 2010 Carlos Salvatore ya era un
consumado traficante internacional que había enviado a Europa unas dos
toneladas de cocaína. Atrás había dejado su pasado de vendedor de autos robados
(lo que le valió una condena de cinco años de prisión a fines de los ´80) y las
estafas de poca monta.
Por entonces su nombre no aparecía en
los diarios y aún no había organizado el envío a Portugal del cargamento de una
tonelada de cocaína escondida en carbón vegetal chaqueño, realizado en 2012.
Ese fue el caso que lo puso bajo los reflectores de la Justicia y le valió una
condena de 21 años de prisión dictada a fines de 2015.
En 2010, Salvatore creía que todo estaba
controlado y su audacia no tenía límites. Así se desprende de una causa que el
Tribunal Oral Federal N° 6 de Capital cerró en juicio abreviado el pasado 14 de
abril. La pena para Salvatore fue insignificante: dos años y dos meses de
prisión. Pero la historia detrás de la sentencia es increíble.
Según el fallo, firmado por los jueces
José Valentín Martínez Sobrino, María del Carmen Roqueta y Julio Panelo, el 22
de junio de 2010 Salvatore presentó ante la Policía Federal tres certificados
judiciales (uno del Tribunal Oral Criminal 17, otro del propio TOF N° 6 y un
tercero del juzgado de Instrucción N° 10 de Capital) autorizándolo a salir del
país. Su idea era viajar a Miami entre el 27 de junio y el 9 de julio, pero
para eso necesitaba renovar su pasaporte y que los jueces que tenían
expedientes en su contra le permitieran viajar.
Lo que descubrieron los peritos de la
División Análisis Legal de la Federal fue que los certificados habían sido
falsificados. Esto lo confirmó Juan Alvares Mato –secretario del juzgado de
Instrucción N° 10, donde tramitaba una causa por estafa contra Salvatore–,
quien aparecía firmando uno de ellos. Luego hicieron lo mismo los otros damnificados
del Tribunal Criminal 17 y del Tribunal Oral Federal N° 6.
En el TOC N° 17 Salvatore tenía abierta
una causa por “uso de documento público falso reiterado” y en el TOF 6 otra
joyita de su prontuario: en 2002 había
engañado al entonces juez federal de Capital Jorge Ballestero para que le
entregara 23.514 dólares y 3.000 euros que le había secuestrado a uno de sus
clientes: Delfín Castedo, hoy señalado como uno de los narcotraficantes más
poderosos de nuestro país.
Castedo
fue detenido con un pasaporte falso el 26 de junio de 2002, cuando estaba punto
de tomar un avión rumbo a la localidad misionera de Iguazú, en el Aeroparque
Jorge Newery. En el mismo operativo le secuestraron los dólares y los euros. El
caso quedó a cargo de Ballestero y como abogado de Castedo se presentó Carlos
Salvatore.
Según consta en la causa, pocos días después Salvatore reclamó y logró la
devolución del dinero argumentando que pertenecía a una sociedad. Incluso
presentó certificados en los que constaban las operaciones de compra de esas
divisas. Para cuando las pericias determinaron que esos certificados eran falsos,
el dinero ya era irrecuperable.
Como si todo esto fuera poco, en la
sentencia firmada este año por el TOF N° 6 se hace referencia a otra asombrosa
denuncia contra Salvatore. Fue presentada en 2011 por el comisario Enrique
Villaroeal, de la División Operaciones Metropolitanas de Narcotráfico de la
Federal. Según Villaroel, su firma y la
de dos de sus oficiales (con sus respectivos sellos) fueron falsificados para
solicitar el legajo N° 256.742, a nombre de Carlos Alberto Salvatore. El
prontuario desapareció.
Fuente: FM Noticias 88.1 y Clarí