DDN. En la provincia de Salta se desmontó el 2,5% de
bosques nativos remanentes por año, mientras que el promedio latinoamericano
fue de 0,51% y la media mundial fue del 0,20 por ciento. Estos números se
desprenden de una investigación realizada por Lucas Seghezzo, doctor en
Ciencias del Medio Ambiente e investigador del Instituto de Investigaciones en
Energía No Convencional (INENCO) y el Conicet.
Su informe muestra que se deforestaron un promedio de 100.000 hectáreas
por año, siendo el 2008 el período en el que más bosques se perdieron, con un
total de 234.456 hectáreas. La ley de bosques de ninguna manera ha revertido
este cuadro, incluso lo agravó a través de la proliferación de los desmontes
“clandestinos” que, en realidad, son conocidos por un gobierno que da vía libre
al negocio y a la expulsión masiva de comunidades campesinas y aborígenes, a
las que, luego, Urtubey culpa por su propia pobreza.
Romero, Urtubey y Olmedo contra el
Chaco salteño
Detrás de esta masacre socio-ambiental están los negocios de un
capitalismo totalmente descompuesto y rapaz: la Sociedad Rural ha planteado que
hay que volver a la llamada “ley Olmedo”, que convertiría 5 millones de
hectáreas que hoy figuran como zona restringida en el mapa de protección de
bosques, para pasar a ser zona verde, lo que significa dar vía libre a los
desmontes.
Romero apoya rabiosamente esta línea y es uno de los puntos de
negociación con el urtubeycismo a la hora de consolidar un frente patronal para
el próximo período. Por su parte, el oficialismo ha declarado no estar
dispuesto “a tanto”, pero sí a habilitar esa zona para ganadería integrada.
Esta práctica también está seriamente cuestionada porque implica
desmontes parciales que no son sustentables. Detrás de esta variante están los dueños de las tierras del Chaco salteño,
entre los que se destaca la familia
Macri, Olmedo, Romero, el banco Macro y hasta la Seaboard Corporation
(Tabacal), que espera entrar en el negocio ganadero por el lado de la venta de
subproductos del biocombustible, que planifica producir en gran escala.
El ataque antiobrero de la patronal de Tabacal en 2016 muestra, a la luz
de estos datos, su alcance estratégico. Los bloques patronales salteños
apoyaron en bloque las quitas salariales y los turnos relevantes porque las medidas
de la Seaboard son el punto de partida de una reorganización integral de los
negocios, que implican una destrucción ambiental a gran escala, combinada con
una mayor precarización laboral y la expulsión de obreros rurales y campesinos.
Este fenómeno también se aprecia en el reciente acuerdo Urtubey-Olmedo
por Salta Forestal, que permitirá a este último no sólo no pagar su deuda con
el Estado sino seguir desmontando y sub arrendando 150 mil hectáreas
productivas provinciales.
Esta política entraña nuevos y explosivos choques con las masas, de ahí
también la importancia de un frente único patronal en Salta. Del otro lado,
sólo los parlamentarios del PO se posicionaron del lado de los obreros y
campesinos afectados por esta política criminal.
Con respecto a los desmontes, desde el PO se planteó una ley de
moratoria, en cuyo período de aplicación se debería investigar a fondo, junto a
los profesionales en el tema y las comunidades afectadas, las consecuencias de
esta política y cómo revertirla.
“Salta necesita una planificación productiva en beneficio de las
mayorías trabajadoras, ajena a los negocios parasitarios de ocasión que han
enriquecido a pequeños grupos mientras se registran las tasas de miseria más
grandes, justamente en las regiones arrasadas. Este es un debate de fondo, que
divide aguas entre todas las variantes patronales (incluida la centroizquierda
y la UCR) y el Partido Obrero”, sostuvo
Claudio del Plá – diputado del PO – al ser consultado sobre el tema.