DDN. Y un día, Juan Casabella Dávalos se fue.
Según se comenta en los pasillos del Ministerio de Salud, “arregló” para
obtener un cargo mejor. Otros aseguran que sus fechorías fueron tantas y tan grandes
que era insostenible en el puesto que le habían asignado. Una cosa es cierta:
no dejó una sola picardía por hacer.
Siendo director general de Personal de la provincia de Salta, bajo el mandato
de Juan Manuel Urtubey, llevó adelante una estafa que involucró al Instituto Provincial de la Vivienda. Esto
ocurrió cuando, a través de una variada gama de procedimientos, se encargaba de
desalentar a los legítimos adjudicatarios de viviendas de planes estatales,
para regalarles luego dichas viviendas a personajes vinculados al poder. El
desparpajo fue tan grande que incluso su propia hermana recibió una casa.
Juan
Manuel Urtubey decidió,
entonces, sacarse de encima a tan problemático
funcionario, y no tuvo mejor idea que pasárselo a María Eugenia Vidal,
que pareciera tener un imán para los funcionarios ineficientes y un poco inclinados
a los hechos delictivos. La gobernadora lo incorporó al ministerio de Salud de
la provincia de Buenos Aires, donde debutó encerrando con llave a 160
trabajadores en el cuarto piso para evitar que participen de una movilización a
favor de los despedidos.
El dato de color fue que luego, cuando
lo increparon los manifestantes, salió corriendo por el estacionamiento del
edificio, con movimientos grotescos y saltando de un rincón al otro, en un
movimiento bautizado desde entonces como “la liebre de Salta”.
Poco tiempo después, se supo que el funcionario aun se desempeñaba como
docente en la
Universidad Católica de Salta, en una combinación de
trabajos que exigirían que Casabella se
teletransporte de un lugar al otro para no ser ñoqui en alguno de ellos. Pronto
se conoció que, a pesar de ganar un jugoso salario en el Ministerio, sólo iba a
trabajar dos veces por semana, debido a que todavía vivía en la calle 20 de Febrero al 846, de la ciudad de Salta,
donde funciona el estudio jurídico de su mujer, María Gabriela Martínez.
No satisfecho con todo lo que ya se
estaba llevando al bolsillo de las arcas del Estado, Juan Casabella Dávalos se las arregló para procurar un
“pequeño” contrato de 50 mil pesos
mensuales a su mujer dentro del ministerio de Salud de Buenos Aires, aunque
ella continuó viviendo en Salta.
Tantos ñoquis creó Casabella que en la oficina que
alguna vez perteneció a Jorge Molina, el padre del intendente de
Quilmes Martiniano Molina, hay una foto
del funcionario y a su lado un cartel que esgrime: “La fábrica de pastas”.
Este es el hombre que, agobiado por una
situación política y moral insostenible o, más probable aun, en busca de otro
“arreglo”, acaba de renunciar al ministerio de Salud de la provincia de Buenos
Aires, según el decreto 186E, cuyo número de expedientes es el 2900-39760/17.
Fuente:
http://www.realpolitik.com.ar/nota.asp?n=unica&id=26359&id_tiponota=6