DDN. La atención de
los especialistas y los juguetes son la contención a una vida alejada de sus
familias. ¿Cómo trabajan los hogares del Estado? ¿Qué cambió a partir del caso
Thiago?
Sus cortas vidas están marcadas por
situaciones de vulnerabilidad y maltrato, violencia física, verbal y económica.
Son presos de sus familias, del entorno y la crianza que pueden darles sus
papás y mamás que están envueltos en problemas de adicciones, drogas y robo.
Los problemas familiares muchas veces no
tienen una solución porque el mismo entorno de los niños y adolescentes puede
representar una zona de conflicto y vulnerabilidad. Alejados de sus padres,
tampoco encuentran un hogar en sus familiares más directos porque ese mismo
círculo está contaminado, quebrajado, sufre de vicios y los deja expuestos a
riesgos. Entonces interviene la
Justicia.
Según datos oficiales de la Secretaría de la Niñez dependiente del
Ministerio de la
Primera Infancia, en Salta hay 250 niños y adolescentes
judicializados que esperan una nueva oportunidad: ser entregados a padres
sustitutos o bien restituidos a sus familias luego de que los adultos superen las
estrictas condiciones que les imparte un juez.
La niñez y la adolescencia no siempre
están acompañadas de una familia. Y en los hogares del Estado, los bebés recién
nacidos, niños y adolescentes de hasta 17 años deben encontrar una salida, casi
por su cuenta, al cuidado de profesionales de la educación y la salud que
quedan a cargo de sus custodias.
Las imágenes maternas y paternas son
reemplazadas por el buen trato de los trabajadores y colaboradores voluntarios
de los hogares. Los cuidan, los alimentan y entretienen como sus propios hijos.
La contención es clave.
Entre juguetes y
la atención de especialistas
El instituto Hogar Cuna doctor Luis
Güemes es uno de los centros de contención más representativos en la provincia.
Las historias de los bebés y niños que llegan hasta las instalaciones de la
avenida Belgrano 913 no asombran a la directora, Ofelia Humacata, a los
trabajadores y colaboradores. Desde su fundación, el objetivo es la contención
de los niños y velar por su salud hasta que la Justicia determine quién
se hará cargo de su guarda y protección.
Las puertas están abiertas para los
bebés y niños judicializados que por intervención del Estado y la Justicia son separados de
sus padres. Vestimenta, alimentos, juegos, educación, esparcimiento, una cama y
el cariño de las docentes, médicas y enfermeras compensan –en cierta medida-
son el medicamento diario que se les brinda para calmar la herida de la falta
de hogar.
Ofelia lleva 30 años trabajando en el
Casa Cuna y hace 16 que está a cargo del Hogar. Cuenta que ha visto pasar miles
de niños y situaciones problemáticas. Pero los trabajadores no están para juzgar,
solo dar, darles amor y contención a los bebés y niños que juegan con sus
andadores y muñecos en los pasillos de la institución o en cada de sus
habitaciones.
A diario, un grupo de profesionales
integrados por psicólogos, asistentes sociales, médicos, fonoaudiólogos,
kinesiólogos, maestras, enfermeros, nutricionistas, pediatras, operadores y
voluntarios velan por la salud de los niños. El lugar cuenta además con una
guardia policial las 24 horas.
La problemática social y familiar
fluctúa y al momento de escribirse esa nota, unos 32 bebés y niños se albergan
en el Casa Cuna. Pero hay momentos donde la demanda los sobrepasa y el corazón
los obliga a buscar espacios y desdoblar esfuerzos. Humacata dice que en
algunas situaciones contuvieron hasta 53 niños.
Además del Casa Cuna existen otros
hogares del Estado como el Rosa Niño, Casita Feliz, Niño Jesús y otras casas
para adolescentes de 13 a
17 años.
Vulnerabilidad y
problemáticas sociales
Los juguetes y la atención del grupo de
especialistas alejan a los niños judicializados e intentan darles un mejor
entorno y calidad de vida a una corta vida que está marcada por la ausencia de
papá y mamá.
El secretario de la Niñez, Rodrigo Fernández,
contó que no existen causas exclusivas pero cualitativamente entre ellas se
desprenden el maltrato, abusos sexuales, situación de abandono, trabajo
infantil, comercialización de drogas y adicciones, padres ausentes y violencia
familiar como las principales causas por las cuales los niños son alejados de
sus padres y son asistidos en los hogares del Estado, a la espera de una
familia sustituta o que sean restablecidos al entorno más directo, si es que
existe esta posibilidad.
Es que cuando un niño es alejado de su
hogar, los magistrados y los profesionales que intervienen en cada caso
realizan un estudio sobre las condiciones en las que vivía el menor y las
posibilidades de regresar a su familia.
“En los casos de los niños
judicializados siempre se busca como primera alternativa no separarlos de la
familia y la primera opción son los abuelos o tíos, para no cortar los lazos
pero hay situaciones donde hasta el mismo entorno directo puede resultar
problemático y se buscan otras alternativas”.
Agrega que en este contexto un alto
porcentaje de los niños son entregados a sus familias pero en hogares
alternativos. En el menor número de los casos regresan a sus padres luego de
superar el conflicto con la ley.
Los tiempos de la Justicia
Muchas veces son cuestionados por
tardíos y a eso se refiere Fernández. Explica que desde que un bebé recién
nacido o niño es separado de su hogar, la Justicia y las autoridades intervinientes tienen
un plazo máximo de 180 días para resolver si el menor será entregado a una
familia sustituta, si su guarda será encomendada a familiares directos o
regresan a sus padres.
Cada caso es particular y, a veces, se
necesita una intervención por la fuerza para retirar a los niños de sus
situaciones de vulnerabilidad y resguardarlos. Luego, el proceso judicial que
determina las acciones que serán tomadas. Mientras, las víctimas en situación
de emergencia son contenidas por los especialistas de los hogares del Estado.
“Es un proceso que puede tomar hasta seis meses donde se evalúan las
condiciones dispuestas por la
Justicia y se hace un estudio exhaustivo de las posibilidades
para que el menor regrese a su hogar o encuentre padres sustitutos”, dice el
funcionario.
Pero la problemática emerge también de
la poca disponibilidad de padres sustitutos que se inscriben y pueden cumplir
los requisitos para recibir la guarda de un niño. Según Rodrigo Fernández, “en
toda la provincia solo hay tres familias interesadas en ser padres sustitutos”,
es decir apenas el 1% de la muestra total de 250 bebés, niños y adolescentes
judicializados.
La vulnerabilidad pareciera hacerse
excluyente para los más jóvenes porque “los pocos interesados o quienes
realmente cumplen todos los requisitos para ser padres sustitutos manifiestan
su interés de la tenencia de un recién nacido o un niño de hasta seis años”,
cuenta el funcionario.
El caso Thiago,
una herida a los programas de familias responsables
En pocos días más se conocerá la
sentencia a Víctor Sánchez y Patricia Sánchez, los padres sustitutos acusados
de la muerte de Thiago y el intento de homicidio de su hermana mayor,
L.L.M.
El matrimonio había accedido a la
tenencia de los menores y sus dos hermanos mayores porque los padres biológicos
tienen conflictos con la ley. Habían cumplido todas las instancias y a fines de
2.013 la Justicia
entregó a los hermanos al matrimonio. Las lesiones y el estado de salud que le
causaron la muerte al niño de cuatro años y serias lesiones a su hermana mayor
pusieron un alerta sobre el funcionamiento y el control de los profesionales
que deben velar por la salud de los niños. En el caso, además de los padres
sustitutos, tres psicólogas del ex Ministerio de Derechos Humanos están
acusadas de incumplimiento de deberes de funcionarios públicos.
Consultado sobre esta situación –y
teniendo en cuenta el paso de Thiago y L.L.M. por los hogares del Estado- desde
la Secretaría
de la Niñez
aseguraron que “golpeó mucho” y obligó una profunda revisión del programa de
“fortalecimiento familiar” y las actuaciones.
Fernández concluyó que “el caso Thiago
golpeó mucho a la sociedad y en especial a los programas de familias
sustitutas. Desde la muerte del menor se ha trabajado en brindar un mayor
control en las obligaciones y supervisión de los equipos interdisciplinarios
que están a cargo de los niños. También se ha incorporado más tecnología para
crear una base de datos donde se puede hacer un seguimiento de cada caso”,
concluyó.
Fuente:
La Gaceta Salta