El
2.017 se caracterizó por las embestidas contra los pueblos indígenas
Un año de
represión y despojo
DDN. Las muertes de
Santiago Maldonado y Rafael Nahuel fueron los eslabones más conocidos de una
cadena de violencia contra comunidades originarias. Los hechos más relevantes.
Los pueblos indígenas de Argentina
cerraron un año en el que han enfrentado numerosos intentos de despojos de sus
territorios, que implicaron represiones, criminalización, cárcel y asesinatos.
La embestida contra el pueblo mapuche tuvo sus paralelos, aunque con menor
difusión, en Formosa, Tucumán, Misiones, Santiago del Estero, Salta y Jujuy, entre otras provincias.
La prórroga de la ley 26.160 (que debiera frenar los desalojos) está entre las
buenas noticias. La peor: el asesinato de Rafael Nahuel y la represión al Lof
Cushamen (con la desaparición y muerte de Santiago Maldonado).
La noticia que pasó más
desapercibida fue toda una señal: el gobierno nombró en agosto al frente del
Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) a Jimena Psathakis, de la
Fundación Cambio Democrático, ONG referente en el discurso de “diálogo”, muy
conocida entre las asambleas socioambientales porque siempre favorece al sector
privado, desde Esquel (donde se ubicó del lado de la minera) hasta Vaca Muerta
(donde “dialogó” mucho con comunidades mapuches, pero siempre impulsó el
fracking).
El racconto de hechos de violencia
contra las comunidades es extenso. El 26 de junio, la comunidad Indio Colalao
de Tucumán sufrió un violento desalojo de 16 familias. Decenas de policías e
infantería llegaron hasta el territorio y avanzaron contra la comunidad. Los
diaguitas acusaron a la fiscal Adriana Cuello Reinoso y al juez Eudoro Albo. En
San Ignacio (Misiones), el 8 de julio, una patota atacó a la comunidad Tekoa
Kokuere’i. Con machetes y motosierras derribaron las viviendas y las
incendiaron en presencia de niños y mujeres.
Los desalojos se dan en un contexto
de numerosas leyes que protegen los derechos de los pueblos indígenas. Desde el
Convenio 169 de la OIT hasta la ley 26.160. La responsabilidad incluye a jueces
y fiscales, que no aplican la legislación que favorece a las comunidades
indígenas. El pueblo diaguita de Tucumán identificó a ese actor cómplice y
marchó el 6 de julio a los tribunales de la provincia. Señaló como principal
causante de sus males al Poder Judicial. Recordaron que desde 2.009, cuando
asesinaron al diaguita Javier Chocobar, esperan un juicio que nunca llegó. Y
repudiaron a jueces y fiscales que dan luz verde a los desalojos indígenas.
El 20 de diciembre, la policía de
Formosa reprimió con balas de plomo en la comunidad wichí del “Barrio 50
Viviendas” (en la localidad de Ingeniero Juárez). Hubo cuatro heridos, dos con
balas de plomo.
En cuanto a la criminalización, dos
referencias fueron Agustín Santillán, wichí de Formosa que estuvo preso cinco
meses por reclamar derechos básicos ante el gobierno de Gildo Insfrán, y la
detención del lonko (autoridad mapuche) Facundo Jones Huala, que aún está
detenido en Esquel a la espera de juicio de extradición.
El pueblo mapuche fue el que más
trascendió en los medios de Buenos Aires. En enero se ejecutaron tres
represiones en dos días (9 y de 10) sobre el Pu Lof en Resistencia de Cushamen.
Gendarmería Nacional y Policía de Chubut avanzaron con escopetas y gases
lacrimógenos. El disparo en el cuello sobre Fausto Emilio Jones Huala llegó a
la prensa. Otro integrante de la comunidad perdió un tímpano. No hubo víctimas
fatales de casualidad. El 1 de agosto hubo una nueva represión. Sin orden
judicial, Gendarmería ingresó a territorio comunitario. Sobrevino la
desaparición y muerte de Santiago Maldonado.
También sufrieron represiones en la
comunidad Campo Maripe (Vaca Muerta, el 21 de junio), comunidad Vuelta del Río
(Chubut, el 18 de septiembre), Lof Fvta Xayen (en Neuquén, el 19 de septiembre), quema de
viviendas en comunidad Vuelta del Río (el 20 de septiembre).
El 23 de noviembre, en un operativo
con más de 300 efectivos sobre el Lof Lafken Winkul Mapu (a 35 kilómetros de
Bariloche), se esposó a mujeres durante horas e incluso se detuvo a los niños.
Dos días después, asesinaron al joven mapuche Rafael Nahuel. La represión
estuvo a cargo del Grupo Albatros de la Prefectura Nacional y la bala ingresó
por la espalda.
Los hechos de violencia contra los
pueblos indígenas son mucho más extensos.
También hay otras muertes y
violencias. En Santa Victoria Este,
región norte de Salta, murieron 26
personas en 23 días, todas por causas evitables y falta de atención básica de
salud. Lo denunció la comunidad
wichí Cruce Buena Fe Cañaveral entre diciembre de 2.016 y enero de 2.017.
El dirigente wichí Pedro Lozano
precisó que se trató de cinco adultos y 21 niños, todos menores de 2 años. Las
comunidades indígenas y familias criollas cortaron la ruta provincial 54, denunciaron a la jefa de enfermería, la falta
de insumos básicos y la carencia de agua (con temperaturas de más de 40
grados). El 17 de diciembre pasado, otro niño wichí (de 7 años) murió en Santa Victoria Este.
La semana pasada fue noticia una
niña del pueblo mbya de Misiones cuando fue fotografiada tomando agua de un
charco en un boulevard de Posadas. Por un momento, los grandes medios
recordaron la situación indígena.
La Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH) publicó su informe “Pobreza y derechos humanos”, en el
que determinó que la pobreza afecta al 43 por ciento de los indígenas del hemisferio.
La CIDH detalló que los pueblos indígenas padecen los peores índices de
analfabetismo, desnutrición, dificultades para acceder a cuidados médicos, y
obstáculos para acceder servicios básicos como agua potable, saneamiento,
electricidad y viviendas. Son los marginados entre los marginados.
Los pueblos indígenas viven en carne
propia esas estadísticas desde hace décadas y apuntan al fondo del asunto: la
causa de sus males es el despojo de territorios (de la mano del agronegocio,
forestales, mineras, petroleras, grandes obras de infraestructura), la
violación sistemática de las leyes que los beneficia, la total falta de
políticas públicas para que puedan desarrollarse y el racismo estructural.
Fuente:
https://www.pagina12.com.ar/86366-un-ano-de-represion-y-despojo