La vuelta a
clases presenciales es un movimiento positivo, necesario y urgente en la deuda
con las infancias y las adolescencias, así lo señaló la licenciada en
psicología Rosaura Depetris.
Sostuvo la
licenciada que la pandemia dejó en evidencia lo invisibilizados que están estos
grupos y que en la flexibilización de actividades y espacios, en último lugar se
registraron las necesidades de los niños, adolescentes y familias.
Se debe
tener en cuenta también el impacto del aislamiento y de las restricciones
sociales y educativas en la población infantojuventil, contemplando situaciones
que traen aparejadas consecuencias como el insomnio, cambio de humor, irritabilidad,
frustración, más allá de la existencia de algunas patologías de base.
Por todo
lo expuesto, indicó que la necesidad de contacto, de espacios de juego, recreación
y rutinas, trasciende a la educación sistemática.