En el estado
actual de la discusión en torno a la minería, la sustentabilidad es un concepto
muy abarcador: incluye no sólo la idea de minimizar impactos ambientales negativos
sino la de generar un efecto ambiental netamente positivo en el que, por
ejemplo, las empresas líderes buscan desarrollar la biodiversidad autóctona en
paralelo a la actividad de ex-tracción mineral, y tienen planes de cierre de mina
para rehabilitar el terreno afectado. Además, se ha integrado a la noción de
sustentabilidad la relación con las comunidades con interés en la mina: esto
es, el reconocimiento de múltiples “constituencies” o grupos de “stakeholders”.
Hoy,
entonces, la pregunta clave para los países que buscan crecimiento económico
sostenible no es “minería sí o minería no”, sino “minería cómo”, dado que
existen varios modelos posibles de minería. La respuesta que cada país
encuentre a este interrogante tendrá que surgir del diálogo entre diversas partes:
incluidas, sí, empresas y autoridades, pero también –fundamentalmente– sociedad
civil, comunidades, pueblos originarios y empleados.
El Consejo
Internacional de Minería y Metales (ICMM por sus siglas en inglés) ha investigado
junto con el Banco Mundial y UNCTAD cómo se puede potenciar la contribución social
y económica de la minería. El objetivo es entender cómo asegurar que la
actividad beneficie a las comunidades y países donde se desarrolla, realizando
oportunidades y ma-nejando los riesgos asociados. La investigación identificó
41 países que dependen o han dependido en décadas recientes de la minería.
Muchos de ellos son países en vías de desarrollo con altos niveles de pobreza.
Mientras algunos aún padecen de la llamada “maldición de los recursos” (un país
organiza su economía entera en dependencia de un solo commodity y descarta
otras posibles vías de desarrollo), otros han demostrado que la minería puede ser
un factor clave de desarrollo sustentable.
Desde la
perspectiva de los gobiernos nacionales o provinciales, la decisión sobre el
“cómo” incluye elegir socios a la hora de dar permisos de explotación. El socio
elegido debe llevar a cabo la actividad con responsabilidad y eficacia, y para
garantizarlo debe haber una participación activa de todas las partes
interesadas en los acuerdos alrededor de cualquier proyecto minero. Esto es
obvio si se recuerda que el horizonte de actividad de una mina es de al menos 30
años (a menudo 50 y más): se trata entonces de establecer una sociedad que va a
durar varias décadas.
Cifras elocuentes
• Los
metales representan 30% de las exportaciones de Australia –el único país
desarrollado que no tuvo recesión en 2008-2009.
• Los
minerales explican 80% de las exportaciones de Botswana, un país que pasó de
ser de los más pobres de África al 4to/5to del continente según su ingreso per
cápita a PPP.
• En Chile
la minería representó, en promedio, 15% de su producto bruto en la última
dé-cada.
Los
proyectos mineros siguen un ciclo que empieza con exploración e incluye
construcción, operación, cierre y post-cierre. Algo que no siempre se comprende
es que a lo largo de la vida de una mina puede haber entre cinco o siete
generaciones de relaciones entre la empresa y la comunidad donde funciona la
mina.
Así, una
conducta responsable y eficaz requiere la plena comprensión y el reconocimiento
explícito de
todos los beneficios, costos, riesgos y responsabilidades que les tocan a los
diferentes actores implicados.
Por ejemplo,
desde una perspectiva macroeconómica, es importante la generación de in-versión
extranjera directa, de divisas y de ingreso estatal. Para un gobierno provincial,
sin embargo, son más críticos los beneficios directos de creación de empleo,
infraestructura y servicios a la comunidad. Es aquí donde la comunidad debe
tener una participación para moldear el futuro que quiere para sí misma. La
mina crea empleo en forma directa pero también indirecta, y esto último da
oportunidades para emprendimientos locales que sobrevivan a la mina.
Cuando
desarrollan una mina, las empresas arriesgan el capital de sus inversores para
concretar el proyecto y, en última instancia, generar un retorno. Sin embargo,
las comunidades también corren riesgos en términos del impacto que pueda tener
la mina en su modo de vida en el largo plazo. Lo más importante para asegurar
el equilibrio necesario entre beneficios, costos y riesgos es que todas las
partes –gobierno, empresa, comunidad– asuman ciertas responsabilidades que
deben ser asignadas claramente con los recursos necesarios para asegurar una
rendición de cuentas sostenida, que llevará a mejoras de performance en el
largo plazo.
Una guía
para la conversación necesaria entre los distintos stakeholders incluirá los
siguientes temas:
• Las
regalías del gobierno nacional.
• Cómo se
gravará la actividad y cómo esos ingresos se distribuirán entre los niveles de
gobierno.
• La manera
en la que el gobierno provincial o local canaliza la actividad generada por la
minería para promover otras industrias.
• La
seguridad de los empleados.
• La
responsabilidad ambiental.
• El manejo
de desechos, incluidos diques de relaves.
• El cambio
climático – plan de reducción de emisiones y planes para crear resiliencia al
cambio climático en las comunidades lindantes con la mina.
• El manejo
del agua.
• El
“reporting” y “accountability” de la empresa.
• La
integración de comunidades locales y respeto a posibles sitios ancestrales de
la comunidad local y/o pueblos originarios.
• La
desigualdad de género en los impactos y beneficios.
• La
contribución a los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) de Naciones
Unidas.
También hay
muchas oportunidades de colaboración dentro del sector minero. Es frecuente que
las minas funcionen como cluster, ubicadas en una misma región, y cuando eso
sucede es importante la colaboración entre empresas para dar respuesta
coordinada a necesidades de infraestructura y servicios que resulten en eficiencias
no solamente para los proyectos mineros sino para las comunidades que se
quedarán con la infraestructura y servicios que sobrevivirán a las minas. El
agua, en particular, se presta a este tipo de colaboración cuando se emplea una
visión de manejo de los recursos hídricos que contemple la cuenca entera, con
todos sus usuarios. Hoy en día se puede reciclar el agua utilizada en una mina
y devolverla al sistema hídrico en las mismas, o mejores, condiciones.
Investigaciones
de ICMM revelan que los países con economías que dependen de los minerales han mejorado
su desempeño socioambiental en varias categorías, en las que la mayoría está
cerrando la brecha con los países con los mejores indicadores socioeconómicos en
el mundo. La gran mayoría de las regiones mineras en cuatro países usados como
muestra –Perú, Gana, Indonesia y Chile– demuestran progreso en los indicadores
socioeconómicos en sus regiones mineras. Es decir que existe una correlación
entre la actividad minera y la mejora en el tiempo de los indicadores socioambientales.
No se puede con esta investigación hablar de causalidad, pero sí de correlación
positiva.
En definitiva,
hay que ampliar la visión que se tiene de la contribución que puede hacer la
minería, tanto en el corto como en el largo plazo, tanto en términos de
creación de empleo y de ingresos para el estado como de infraestructura y de
legado ambiental, y luego hay que asegurar la voz de todas las partes
interesadas en el diseño conjunto de ese armado y ese legado. Cada vez más las
empresas tienen la capacidad técnica además de los recursos necesarios para diseñar
legados positivos. Hace falta la participación de quienes exijan soluciones a
estos desafíos y participen de los planes conjuntos para superarlos, y aquí les
cabe un rol fundamental no solamente a las autoridades nacionales y provinciales
sino también a la sociedad civil y a la comunidad organizada.
Las compras de las empresas
Un estudio
de World Gold Council (WGC) demuestra que el mayor beneficio para las
comunidades se da a partir de las compras de la empresa, no de impuestos y
regalías. De un total de US$55 mil millones en gastos anuales en 2012 de los 15
miembros del WGC utilizados en el estudio, US$35 mil millones corresponden a
pagos a otras empresas, en su mayoría contrataciones y pagos. Menos de $10 mil millones
corresponden a pagos al gobierno en concepto de impuestos y regalías. De modo que,
si las empresas domésticas pueden capturar una mayor participación de estos
gastos, se puede lograr un impacto significativo en el desarrollo económico
regional y en la creación de empleo.
Repunte de los precios internacionales
Las reservas
de litio existentes en el norte del país atraen inversiones mundiales por el
aumento de la demanda. Expectativas por la reforma de la regulación minera y el
nuevo acuerdo federal con las provincias.
De acuerdo
al informe especial del sector minero realizado por KPMG Argentina y titulado
“Algunos temas relevantes para la minería en 2018”, de confirmarse la tendencia
de 2017 se puede esperar que este año se registre un mejor desempeño del
sector.
“Durante
2017 las cifras de producción e inversión minera parecen observar alguna
re-versión respecto a años anteriores. Según información relevada por INDEC
hasta el segundo trimestre de 2017, el valor de producción de la minería podría
estar cambiando su tendencia, lo que significaría un mejor desempeño para 2018
y años posteriores. En lo relacionado a inversiones, el litio, nuevo mineral estrella,
estaría ayudando a torcer el comportamiento disímil observado hasta 2016 con
importantes anuncios para el sector, entre los que se destaca el de la canadiense Enirgi Group (ADY Resources),
que destinará alrededor de US$ 720 millones para la construcción en Salta de la
planta procesadora de litio más grande del mundo (la cual se estimó estaría en
operación para 2019) ; el de Sales de Jujuy (del Grupo Orocobre), que
destinará US$ 200 millones en la instalación de una nueva planta de litio en
Jujuy; o el de la minera Exar, que invertirá $ 500 millones en el proyecto de
litio del salar Caucharí–Olaroz. Asimismo, debe añadirse el incremento
re-ciente en la demanda de rocas de aplicación en respuesta al aumento de la
inversión en obra pública, lo que seguramente traccionará las inversiones en
ese rubro”, se arma en el trabajo.
El estudio
desarrolla los siguientes temas:
1) El
Acuerdo Federal Minero y un nuevo marco normativo para el desarrollo de la
minería nacional;
2) El
comportamiento de los precios;
3) El
desempeño reciente de la producción minera nacional;
4) El nuevo
mineral estrella: el litio; y
5) La
licencia social y el impacto ambiental.
Al referirse
al comportamiento del sector en los últimos años se señala una situación de
estancamiento por la combinación de varios factores como la caída de los
precios de los principales commodities mineros y energéticos que postergaron
inversiones en exploración y extracción, tanto a escala global como local.
En cuanto a
las conclusiones finales el informe sostiene que “con excepción del litio, cuyo
precio ha mostrado una tendencia de crecimiento positiva desde 2005, el resto
de los commodities mineros como el oro, la plata, el zinc, el plomo, el cobre y
el aluminio, manifiestan alguna recuperación desde 2016 y una confirmación de
esa tendencia en 2017.
Si bien se
estima que ese crecimiento hallará un límite en el excedente de oferta de productos
mineros y en la demanda de China y de otros países en recuperación, la
tendencia es lo suficientemente alentadora como para que la minería cambie de
rumbo mejorando sus perspectivas de mediano plazo”.
De hecho, si
los precios mantienen su comportamiento y se concretan inversiones, la capacidad
de producción de litio podría llegar a las 145.000 toneladas para 2022, en
tanto que el empleo alcanzaría los 4.000 puestos directos. Dado que no pueden
determinarse a priori los resultados de estas iniciativas en términos de
inversión y producción, la mejora sensible en el ambiente de negocios que viene
experimentando la economía en general, y los sectores primarios en particular,
generan buenas expectativas que, de no mediar otros efectos ajenos al mercado (políticos,
institucionales y/o ambientales), podrán materializarse en mejoras sensibles
para el desarrollo de la minería”.
Fuente: El
Esquiú
LS