En esta
semana que finaliza ya sobre el filo de la terminación de febrero, en una
entrevista realizada por la periodista Paula Poma al ministro de Salud, Juan
José Esteban, y la repentina respuesta del funcionario afirmando que el
irregular nombramiento de su hija en el Estado era por un acuerdo expreso con
el Gobernador antes de asumir, nos sorprendió a todos por igual.
Al
instante aparecieron los denunciadores seriales que a los cuatros vientos
salieron a pedir la renuncia del médico y dentro del oficialismo hubo hasta quienes
se animaron a insinuar, hay que ser caraduras, sin siquiera sonrojarse, que ese
era un caso aislado. Este llamado sincericidio del entrevistado fue algo
totalmente inesperado, una confesión a la que no estamos acostumbrados, un reconocimiento
en vivo, de una designación irregular de una odontóloga, cuyo único mérito o
parámetro para ser nombrada es ser la hija de y que tal acto viciado de
legalidad, además el ministro lo puso como requisito para aceptar el cargo en forma
previa.
Este caso
vulgarmente llamado acomodo ya se había conocido en nuestra ciudad allá en
noviembre de 2020 cuando en este espacio, en FM Noticias, en La Madre que las
Parió, el 13 de noviembre del 2020 habíamos puesto en conocimiento de la
designación de la hija del ministro como jefa del ortopantomógrafo, un aparato
de rayos en el Hospital de Niños y además para ponerla en ese lugar,
previamente se había removido a la titular del cargo que fue enviada y
silenciada a desempeñarse en el Departamento de General Guemes.
El
novedoso reconocimiento radial que compromete la gestión del propio ministro y
que –según los especialistas- hasta ahora, en materia de salud ha tenido un muy
buen desempeño, compromete también al Gobernador, influyendo en la designación
irregular. Compromete también a la misma profesional odontóloga, que designada
de esta manera tan espuria, debuta en el medio, entre sus pares, con escasa
ética y sin mérito alguno.
No cabe
duda de que toda esta novela huele mal, desnuda una ilegalidad y evidencia un
desmanejo de los recursos del Estado a manos de una clase política que no
necesita de esta publicidad para gozar de un ya inveterado y muy ganado
desprestigio.
En medio
de este escándalo que ya ha trascendido la pantalla de los medios nacionales,
merced al profesionalismo de los periodistas que actuaron con seriedad en el
caso, se volvió a plantear y a resurgir uno de los mayores males que padece
nuestra sociedad y ese mal es la infinita hipocresía de la clase política que fingiendo
rasgarse las vestiduras carga las tintas y las acusaciones sobre el confeso
ministro y su hija como si esa conducta no fuera en los círculos de cada
gobierno de turno una moneda corriente y constante.
En todos
los gobiernos del Estado aparecen designaciones de parientes, amigos,
conyugues, amantes. Como nos recuerda el inolvidable Cambalache…” están todos
revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos”.
Que
ninguno se rasgue las vestiduras porque están todos en el mismo lodo y este
caso en realidad, el del ministro Esteban nos pone en vidriera solamente a la
novela odontóloga y a su padre, pero también a toda la plétora de funcionarios
que actúan igual y por eso el reproche que se le hace al Dr. Esteban no es
haber influido para designar a su hija, que entre todos los otros y sus pares
de la política hacen lo mismo, sino que lo que le reprochan es que lo haya
reconocido.
Bastaría
para desnudar esta miseria infame, que los que quieren ver rodar a gritos la cabeza
del ministro, se dispongan ellos mismos a publicar la lista de las
designaciones que han hecho desde un año a la fecha, propuesta que a más de uno
le va a causar pánico si en realidad se concretara.
Acaso podríamos
empezar a vivir en una sociedad más justa y apacible si el ejercicio del poder
de turno no fuera tan corrupto, acomodaticio, demagógico y pusilánime para el
manejo de los fondos públicos.
Un
capítulo aparte de ribetes novelescos, sería empezar una investigación seria de
los vínculos, los apellidos, los parentescos y entenadas dentro de la llamada
justicia, donde el desacreditadísimo Consejo de la Magistratura se ha dedicado
con ahínco y desmesura a preservar el acomodo y la democracia es lo que se
llama la familia judicial. O que también se investigara en la llamada Corte de
Justicia para que dé a conocer la inmensa cantidad de cargos creados a la
medida de los amigos desocupados que son cubiertos sin concurso alguno y por
mera decisión arbitraria de acomodar a los suyos. Esa, es la otra pata de la
misma familia judicial.
El pecado
imperdonable del señor ministro, no ha sido ni cerca hacer valer su posición
para designar ilegítimamente a su hija. Su pecado ha sido confesar en vivo y en
directo el modus habitual de esa gestión…es que el ministro sacó los pies del
plato, nos decía un inveterado ñoqui de la política local acostumbrado a saltar
de cargo en cargo. Y por haber sacado los pies del plato tendrá que pagar,
porque hay un código no escrito pero que se respeta sin dudar, lo
imprescindible es cuidar el negocio de la política.
El camino
hacia una sociedad más justa donde se premien los valores y los esfuerzos y se
condene la corrupción y el viva la pepa con el dinero del Estado, en nuestra
Salta está muy, pero muy lejos de llegar a ser una realidad.