DDN. El fundador de la congregación
Hermanos Discípulos de Jesús de San Juan Bautista está imputado por los delitos
de abuso sexual gravemente ultrajante por la duración y por ser ministro de
culto reconocido, en perjuicio de dos víctimas, y abuso sexual simple agravado
por ser el autor ministro de culto en perjuicio de una tercera víctima.
Entre
otros, declararon hoy una religiosa y un exhermano de la comunidad, y una
psicóloga que colaboraba con la institución de Rosa Torino realizando psicodiagnósticos
a los aspirantes. La profesional también trató en forma particular a V. Z.,
exmonja y denunciante en la causa, entre 2010 y 2013.
El
primer testigo, exhermano de la comunidad, dijo que nunca notó un trato
inadecuado de Rosa Torino hacia ninguno de los religiosos y que tampoco escuchó
comentarios al respecto.
Refirió
que a V. Z. la conoció en los retiros espirituales y que no la vio realizando
tareas de limpieza en la casa parroquial, donde vivía el acusado. Dijo que a la
residencia de calle Santa Fe al 1200 solo entraban los hermanos y que las
integrantes de la rama femenina de la congregación trabajaban en la secretaría,
santería o en tareas pastorales (celebraciones).
La
siguiente testigo, una religiosa de la congregación, refirió que ingresó a los
Hermanos Discípulos de Jesús de San Juan Bautista en 1996 y que actualmente es
la servidora general.
La
testigo aseguró que el trato de Rosa Torino hacia V. Z. era normal, respetuoso.
Manifestó que la denunciante hacía tareas de evangelización y que no se ocupaba
de la limpieza o de otros quehaceres domésticos en la casa parroquial de la
calle Santa Fe.
Aseveró
también que la relación del imputado con los otros hermanos de la institución
era buena y que les enseñaba y los exhortaba. Dijo que nunca escuchó a Rosa
Torino hacer bromas con contenido sexual.
Sobre
V. Z. agregó que, a partir de 2005, la monja dejó de realizar actividades
dentro de la comunidad porque así lo solicitó ella a la superiora. Dijo que
quiso “tener un espacio” y que pidió no cumplir más la función de apostolado ni
atender gente. Indicó que la dispensa solicitada por la denunciante fue
aprobada por el consejo de hermanas.
Manifestó
que en los años que lleva como religiosa no vio otro caso similar de una monja
autorizada a permanecer en la comunidad sin cumplir ninguna tarea.
Finalmente,
sostuvo que sabe que V. Z. solicitó abandonar la congregación pero dijo no
recordar los motivos.
La
psicóloga que declaró a continuación afirmó que colaboraba con la institución
fundada por Rosa Torino a cambio de oraciones. Manifestó que la denunciante V.
Z. hizo terapia en su consultorio entre 2010 y 2013. Dijo que durante sus
entrevistas detectó en ella labilidad emocional y signos de depresión, ansiedad
y angustia. También indicadores de fabulaciones y confabulaciones. Afirmó que
el vínculo de la monja con Rosa Torino era bueno. “Ella lo describía de esa
manera. Venía a curar el mal vínculo que tuvo con su padre adoptivo”, explicó.
No obstante, señaló que la religiosa atravesaba una etapa de rebelión y de
confrontación con el acusado porque se negaba a acatar ciertas reglas de la
congregación. La testigo manifestó que estas dos formas de vinculación con Rosa
Torino estaban relacionadas con su labilidad afectiva.
La
psicóloga refirió que atendió a otros y otras integrantes de la comunidad
realizando psicodiagnósticos de admisión. Explicó que su tarea consistía en
evaluar “si los aspirantes ingresaban a la institución religiosa por vocación o
para huir de algo”, y que brindaba este servicio a la congregación de Rosa
Torino. Dijo que, incluso, en una oportunidad viajó a México para desempeñar
esa tarea en un convento de la orden que funcionaba en ese país.
Los
resultados de estos pscicodiagnósticos eran remitidos a los superiores de la
congregación (padre Agustín Rosa Torino, padre Josué o hermana María Luz).
Aclaró que los informes sobre tratamientos personales, como el que le brindó a
V. Z., permanecían bajo secreto profesional y que no los compartía con los
referentes de la orden salvo que el paciente le contara “algo que fuera
peligroso para la comunidad, para sí mismo y que tuviera relación con alguna
forma de abuso sexual”. En esos casos –indicó- su obligación era denunciarlo.
La
testigo refirió que mantuvo contacto con V. Z. a través de mails hasta 2015,
con intención de brindarle contención, no ya con finalidad psicoterapéutica.
Contó
además que, en una oportunidad, también fue convocada por Rosa Torino para ir a
ver a Y. G., otro de los denunciantes, debido a que el joven había manifestado
la intención de quitarse la vida. Dijo que se dirigieron hasta la residencia de
Finca La Cruz, donde se encontraba el novicio, pero no lo abordó personalmente,
solo lo observó en el contexto de una merienda.
El
juicio se desarrolla con tribunal colegiado integrado por los jueces de la Sala
IV: Maximiliano Troyano (presidente), Norma Beatriz Vera y Roberto Faustino
Lezcano (vocales).
MP