DDN. Aunque Macri se encargó de
obstaculizar las declaraciones de los gendarmes argentinos que fueron a La Paz,
en las próximas horas el sumario interno habrá concluido. Los efectivos de esa
fuerza pueden contar cómo se gestó la salida de las municiones y cómo fue la
entrega en Bolivia.
Mauricio Macri sostuvo en las
últimas horas que el contrabando de municiones a Bolivia no existió y que el
golpe de Estado contra Evo Morales, tampoco. Sin embargo, él cumplió ya un mes
como imputado por contrabando agravado y se preocupó en el expediente que
tramita en el fuero penal económico por obstaculizar las declaraciones de los
gendarmes argentinos que fueron enviados a La Paz y que pueden echar luz sobre
cómo fue la mecánica por la que 70.000 balas antitumulto terminaron en poder de
las fuerzas armadas y de seguridad bolivianas. Muy a pesar de Macri, en las
próximas horas, estará terminado el sumario interno de la Gendarmería, lo que
podría complicar aún más la situación de una de sus funcionarias de mayor
confianza, la exministra de Seguridad Patricia Bullrich.
El expresidente buscó mostrarse
como víctima de una persecución en la entrevista que le concedió el lunes al
periodista Joaquín Morales Solá en la señal TN. “Bolivia, un contrabando que
nunca existió en un golpe que nunca existió según la OEA y la Unión Europea”,
lanzó Macri sin sonrojarse. Pese a los dichos de Macri, en el expediente de la
justicia argentina y en la investigación que llevan adelante las autoridades
bolivianas se agolpan evidencias que muestran que los proyectiles salieron sin
declararse y terminaron en manos de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) y de la
Policía de Bolivia.
Aquí un repaso de esos elementos:
El 11 de noviembre de 2019, la
Gendarmería pidió llevar a Bolivia 3600 balas antitumulto para proteger la
embajada y la residencia del embajador por la situación de inestabilidad que se
vivía en el Estado Plurinacional.
Al día siguiente, la fuerza que
conducía Gerardo Otero solicitó llevar un “complemento” del armamento y pidió
autorización a la Agencia Nacional de Materiales Controlados (ANMaC) para
llevar 70.000 balas de goma --20 veces más de las que inicialmente había
estimado que sería necesario--.
Ese 12 de noviembre de 2019, hubo
una reunión en la Casa Rosada en la que participó la primera plana de
Seguridad, con Bullrich a la cabeza, y el entonces jefe de Gabinete Marcos
Peña. El jefe de la Gendarmería, Otero, acudió al encuentro con un asistente
personal. Peña y el secretario de Asuntos Estratégicos Fulvio Pompeo también
tuvieron un rol a la hora de autorizar los viáticos de los gendarmes que se
iban a trasladar a Bolivia.
Macri, por su parte, se reunió
con el entonces canciller Jorge Faurie. Ese día, Faurie mandó una nota a
Bullrich y al ministro de Defensa Oscar Aguad pidiendo que enviaran una
comitiva de Gendarmería para proteger a los diplomáticos argentinos en Bolivia.
Para el 12 de noviembre, ya estaba definido el viaje. Prueba de ello es que ya
el día anterior habían arrancado las autorizaciones ante la ANMaC.
Una hora después de que Bullrich
salió de la Casa de Gobierno, el entonces jefe del Grupo Alacrán Fabián Salas
envió un fax a la Fuerza Aérea Argentina (FAA) para avisar que llevarían las
70.000 balas en el Hércules C-130 que iba a trasladar al primer contingente de
gendarmes.
El Hércules partió a las 23.40
del aeropuerto de El Palomar. Llevaba once gendarmes y trece integrantes de la
FAA como tripulación. La carga era de 2500 libras. En el manifiesto de carga,
no estuvieron declaradas las 70.000 balas antitumulto.
De las 70.000 balas, 40.000
quedaron en poder de la FAB. Un efectivo de esa fuerza, Wilfredo Chura Condori,
informó que le ordenaron en la madrugada del 13 de noviembre de 2019 pasar a
retirar el cargamento del hangar de la Fuerza de Tarea Aérea (FTA) Diablos
Negros, donde estaba estacionado el avión argentino. Chura Condori inventarió
lo recibido. Horas más tarde, el entonces comandante de la FAB Jorge Gonzalo
Terceros Lara envió una carta al embajador Normando Álvarez García en
agradecimiento por el envío. Cuando apareció la misiva --y fue revelada por
este diario-- se desató el escándalo por el envío de armas.
Otras 26.900 balas terminaron en
poder de la Policía de Bolivia. Esos cartuchos se encontraron en un depósito
policial sin haberse usado y se halló un inventario que confeccionaron unos
mayores el 13 de noviembre de 2019, cuando las recibieron.
A la Policía de Bolivia le
entregaron los proyectiles en la residencia argentina, según surge del sumario
interno de esa fuerza, el mismo día en que llegaron los gendarmes a La Paz.
Cuando pidieron un “desglose” de la entrega, les respondieron que había sido
acordado por los “altos mandos” y que serían ellos quienes informarían los
detalles.
El 13 de noviembre de 2019, el
jefe de la Gendarmería, Otero, envió un sobre cerrado a la embajada de Bolivia
en Buenos Aires. Estaba destinado al comandante de la Policía de Bolivia. Una
posibilidad es que ese desglose estuviera allí.
La FAB dice que la embajada
argentina, que lideraba Álvarez García, estuvo a cargo de los trámites
aduaneros cuando llegó el Hércules C-130. El exembajador dijo que pudo haber
existido un “circuito paralelo” para las municiones.
La Policía de Bolivia identificó
al agregado de Gendarmería en La Paz, Adolfo Caliba, como quien gestionó la
entrega del material represivo.
De las 70.000 balas que salieron
en la medianoche del 12 de noviembre de 2019 no volvió ni una sola. La
Gendarmería informó que habían sido gastadas en entrenamientos. Sin embargo, a
esta altura está claro que eso no fue así. Además, el Grupo Alacrán no utiliza
armamento antitumulto, lo cual sería aún más extraño que se entrenara para su
empleo.
En las próximas horas, el sumario
interno de Gendarmería habrá concluido. Los efectivos de esa fuerza pueden
contar cómo se gestó la salida de las municiones y cómo fue la entrega en
Bolivia. Nada de ese panorama dejará tranquilos a los principales imputados en
la causa, como Macri y Bullrich. En los tribunales aún resta definirse qué juez
quedará al frente de expediente en el que todo indica que el contrabando está
claro y donde el desafío será escalar más allá de los gendarmes.
MP