Un cabo primero de la Gendarmería Nacional que
revistaba en la Unidad de Investigaciones de Delitos Complejos y Procedimientos
Judiciales (UNIPROJUD) de Salta fue condenado el jueves pasado por el delito de
violación de secreto.
La condena, de 8 meses de prisión condicional y 3
años de inhabilitación para ejercer cargos públicos, fue dictada por el
Tribunal Oral Federal N°2, integrado por Gabriela Catalano (presidenta),
Domingo Batule y Abel Fleming.
El fiscal general Eduardo José Villalba, de la
Unidad Fiscal Salta, representó al Ministerio Público Fiscal en el primer
juicio seguido a un investigador que reveló información sensible de un caso en
el que se investigaba el circuito del contrabando de granos en la frontera con
Bolivia.
A instancia del fiscal Villalba, el cabo primero
Aníbal Alegre, con 15 años de servicio, fue condenado por haber revelado
información que puso sobre aviso a otro gendarme, jefe de un escuadrón de la
zona de frontera, quien estaba sospechado de participar del contrabando.
En el debate, y a lo largo de dos audiencias
semanales, la fiscalía presentó varios testigos y pruebas directas sobre la
autoría de Alegre en el delito, cuya escala es de un mes a dos años de prisión
con una pena accesoria de hasta 4 años de inhabilitación para el ejercicio de
cargos públicos.
Al momento del hecho, Alegre cumplía funciones en
la UNIPROJUD, unidad que llevaba adelante diversas tareas de inteligencia
criminal, entre ellas el análisis de información extraída de intervenciones
telefónicas, cuyos datos eran de alta sensibilidad para el éxito del caso.
Alegre, además, provenía del Escuadrón 54 de
Aguaray de esa fuerza, unidad que a su vez era investigada por las maniobras
ilegales en el paso de camiones con granos, de las cuales participaba un
comisionista que, a la postre, fue imputado y condenado por ese delito.
Los mensajes
Con la asistencia de la auxiliar fiscal Roxana
Gual, la fiscal presentó todos los detalles del caso, entre ellos los chats de
WhatsApp que Alegre envió al personal sospechado, cuyo teléfono estaba siendo
intervenido. Así, se demostró claramente cómo el acusado, primero, pidió una
retribución monetaria por la información secreta.
Segundo, reveló que había una investigación en
curso sobre los camiones de granos, la cual estaba a cargo de la unidad de
Delitos Económicos y, por último, develó que había escuchas telefónicas en las
que el comisionista sospechado los había delatado.
Esta prueba fue ratificada por testimonios de
otros gendarmes, tanto compañeros como jefes de las unidades investigativas,
quienes explicaron cómo se descubrió que los mensajes de advertencia
provinieron del teléfono de Alegre. También se refirieron a la modalidad de
trabajo y al deber de confidencialidad.
En su alegato, el fiscal consideró probado con
grado de certeza el delito cometido por Alegre, cuya defensa trató de
justificar la conducta delictiva del suboficial en una supuesta preeminencia
que tenía el oficial alertado sobre su cliente.
Esta hipótesis, pese a los argumentos defensivos,
fue desbaratada por la fiscalía a partir de los chats que los jueces pudieron
examinar, correspondientes a fechas en que la investigación se llevaba adelante
en su etapa inicial, cuando debía permanecer secreta y fuera del alcance del
investigado.
Por otra parte, los jefes inmediatos de Alegre,
entre ellos el comandante Rafael Sanabria, responsable de la UNIPROJUD, remarcó
el carácter secreto de esos datos, a la vez que aclaró que la subordinación se
debe hacia los jefes y la unidad en la que se desempeña y no solamente por el
cargo.
Villalba señaló que, al margen de revelar datos
que perjudicaron el proceso, “Alegre se burló de las premisas que promulga no
sólo esa institución, sino también la justicia misma”. Y puso de relieve que lo
hizo con un fin retributivo, pues en el primer mensaje el acusado le dice al
investigado: “Che tigre, tirame una moneda…”.
Culpable
Al referirse a la corrupción, el fiscal general
sostuvo en el debate que existen aquellos que se valen de ella, como Alegre, y
otros que la sufren como personal idóneo de la fuerza que busca desarticular el
delito en cualquiera de su especie, en especial en esta región del país. “Es
destacable señalar que sus jefes inmediatos, que podían haber hecho la vista
gorda, no lo hicieron y activaron así los mecanismos de saneamiento”, dijo.
Describió el caso como una alerta hacia adentro de
esa y otras fuerzas involucradas en la investigación criminal. Asimismo, aclaró
que pese a tratarse de un delito con una escala penal menor, su comisión tiene
“un efecto brutal” en la investigación, aunque reconoció que, en este caso, se
logró avanzar penalmente contra el oficial alertado por Alegre.
En vista de estas pruebas, y a pedido del fiscal,
el tribunal encontró al acusado culpable del delito imputado, decisión que basó
en los argumentos expuestos por la fiscalía. En el juicio por la determinación
de la pena, Villalba señaló que la fiscalía “exigirá el máximo de la pena” y
solicitó la imposición de dos años de prisión y cuatro de inhabilitación para
Alegre.
Por su parte, la defensa buscó el mínimo de la
escala, y para ello resaltó la condición primaria de su cliente y su conducta
proactiva durante el debate.
La fiscalía señaló que Alegre no tenía ninguna
urgencia económica u otra necesidad, como podría suceder con un “bagayero”, y
destacó el rol del acusado, quien trabajaba en una unidad especial de
investigación. Reconoció el dolor que significa llevar a juicio a un
funcionario en quien la fuerza invirtió mucho para capacitarlo.
Al resolver, el tribunal condenó a Alegre a 8
meses de prisión condicional y 3 años de inhabilitación. Esta decisión, según
lo explicado por los jueces, se debió al hecho de que el delito cometido no
frustró la investigación, aunque también reconocieron el grave riesgo que se
corrió.
Fuente: https://www.fiscales.gob.ar/fiscalias/salta-condenaron-a-un-gendarme-por-revelar-informacion-confidencial-de-un-caso/
BH