DDN. El Tribunal Oral Federal N°2 de
Salta avanzó con el juicio seguido contra el ex jefe del Escuadrón Aguaray de
la Gendarmería Nacional, comandante principal Marciano Alberto Páez; y el
alférez Diego Ernesto Radaelli y el sargento Rodolfo Ayala, ambos del mismo
escuadrón; y Alberto Martín Crossa, propietario de una finca en Campo Durán, en
el Departamento General San Martín.
El juicio, iniciado el jueves 19
de mayo, se lleva adelante por el delito de contrabando de granos, agravado por
el número de intervinientes y por la participación de funcionarios de una
fuerza de seguridad nacional, todo ello en concurso real con cohecho, tanto
activo como pasivo.
El fiscal general Eduardo José
Villalba, de la Unidad Fiscal Salta, dirige la acusación contra los gendarmes y
el finquero. El tribunal está integrado por los jueces Domingo Batule, Abel
Fleming (presidente) y Gabriela Catalano.
El jueves pasado, la audiencia se
reanudó con la declaración del sargento primero Marcos Coronel, jefe del Equipo
de Análisis de la División Antidrogas de la Sección Aguaray, quien llevó
adelante un estudio en función de los mensajes y audios que fueron extraídos de
los teléfonos secuestrados, tanto a los acusados en el debate como a otros dos
imputados que se encuentran prófugos.
En una declaración que se
extendió hasta el viernes, brindó un acabado detalle de los movimientos y
acuerdos arribados por los acusados dentro de la empresa delictiva
desarticulada por la fiscalía a partir de una denuncia de la Administración
Federal de Ingresos Públicos (AFIP) y otras actuaciones vinculadas al
contrabando de granos.
El perito de la Gendarmería
declaró que en base a la información obrante en los teléfonos secuestrados pudo
saberse que los acusados recibían pagos de coimas que, en un principio, eran de
150 mil pesos, pero que luego llegaron hasta los 250 mil por semana.
Bajo el interrogatorio de la
fiscalía, el testigo describió el rol de cada uno de los acusados, la gestación
de la maniobra, la modalidad implementada para el paso ilegal de los camiones
con granos, las disputas internas e incluso se refirió a los montos y forma de
pago de los sobornos.
Para mayor claridad, el equipo de
la Unidad Fiscal –a través de herramientas digitales- presentó a los jueces los
audios, chats de conversaciones vía WhatsApp, videos e imágenes extraídas de
los distintos teléfonos, con lo cual la hipótesis delictiva quedó fortalecida.
Además de ser el primer caso
sobre este delito en llegar a juicio bajo el sistema acusatorio, la causa
refleja aspectos que se daban por sabidos en la materia, pero que no habían
podido llegar a debate debido a la ausencia de los responsables ubicados en los
eslabones superiores de la cadena de contrabando, situación que, en este caso,
se da prácticamente a la inversa.
Primera
fase
Coronel explicó que la maniobra
consistía en liberar la ruta para el paso de los camiones con granos hacia
Bolivia. Sostuvo que esta función estaba a cargo de los gendarmes acusados y
que Crossa era una pieza clave en todo el andamiaje delictivo, pues su finca,
colindante con el vecino país, era la puerta que coronaba el contrabando.
A cambio, los acusados recibían
pagos de coimas que, en un principio, eran de 150 mil pesos, pero que luego
llegaron hasta los 250 mil por semana. Sostuvo que, de los peritajes a los
teléfonos, surgía que esta modalidad se implementó en noviembre del 2020, pero
que tuvo su mayor apogeo desde diciembre de ese año hasta marzo del 2021,
cuando el comandante Páez asumió la dirección de la organización.
El testigo sostuvo que la
investigación del caso se vio robustecida con el secuestro del teléfono celular
de uno de los prófugos. Se trata de Rodrigo Torrico, quien el 12 de marzo del
2021 intervino en un procedimiento para liberar el secuestro de dos camiones
que fueron detenidos cuando llevaban aceite de soja.
Se había estipulado que a Páez
debían pasarle fotos de las patentes de los camiones que iban a pasar, los
cuales pagaban la coima. El comandante, a través de Radaelli, definía una
franja horaria para el paso de los camiones.
A partir del peritaje de ese
aparato, el testigo pudo establecer que el contrabando de granos estaba
dirigido inicialmente por el sargento Ayala, quien operaba junto a Crossa para
el paso de los camiones hacia Bolivia.
Con Ayala como referente, el
flujo de camiones oscilaba entre los 5 y 6 camiones por semana. La ruta
utilizada era la 34 hasta el cruce con la 54, que conduce a la localidad de
Campo Durán, donde los transportistas llegaban hasta la finca de Crossa, en el
kilómetro 79, por donde accedían al vecino país.
Según el testigo, el 21 de
noviembre del 2020 Crossa recibió una notificación desde la jefatura del
Escuadrón de Aguaray, al mando de Páez. El oficio fue diligenciado por el
alférez Radaelli, quien era mano derecha del comandante, lo cual quedó probado
en base a numerosos mensajes que ambos intercambiaban.
Para la fiscalía, la
notificación, que solo hacía alusión a las obligaciones de los propietarios de
terrenos colindantes con la frontera de otro país, preocupó tanto a Torrico
como a Crossa. Este último asumió entonces un rol más protagónico en la
maniobra, al romper relaciones con Ayala y dirigir la negociación hacia Páez.
“Si tengo buen tino, podríamos
estar trabajando todo el año”, sostuvo Crossa, en uno de los audios a Torrico.
Para ello, invitó al comandante a un asado en su finca, lo cual también fue
probado con audios del finquero. Asimismo, el testigo refirió que –en el
teléfono de Páez- había mensajes con un subalterno, a quien le pidió
indicaciones de cómo llegar a la finca del kilómetro 79.
Nuevo
arreglo
En otros audios difundidos en la
sala, se advirtió como Crossa renegaba con Torrico respecto al arreglo para el
paso de camiones. “Hay que agarrar la cabeza” y no pagarle a un “pinche o a un
cabo”. En los audios expuestos, el finquero y el transportista debaten respecto
a cómo debían insinuarle a Páez el soborno y los montos.
El flujo del contrabando se
incrementó notablemente, incluso hasta 25 rodados por día. Crossa llegó a
disponer castigos para los camiones que no querían arreglar, a los cuales
delataba con Páez, a quien le pedía que enviara patrullas a interceptarlos.
Sobre ese aspecto, Torrico le
sugirió que ofrezca “150”, a lo que Crossa replicó: “qué es 150”. La respuesta
fue: “150 mil pesos por semana”. Incluso lo alentó para que logre negociar con
Páez. “Vaya don Crossita, yo le tengo fe”, le dijo, y hasta le aconsejó que
subiera el monto de la coima “hasta 200 mil”.
Tras este encuentro, Crossa,
siempre verborrágico en los audios, comunicó a Torrico, quien era el nexo con
los transportistas, que había una nueva persona con quien negociar. “Ya hice
contacto con mi tocayo (refiriéndose a Alberto Páez)”, afirmó, para luego
explicar cómo debía ser la nueva mecánica para el contrabando.
Según surge de los audios, la
forma no era muy diferente, pues se había estipulado que a Páez debían pasarle
fotos de las patentes de los camiones que iban a pasar, los cuales pagaban la
coima. En tanto, el comandante, a través de Radaelli, definía una franja
horaria para el paso de los camiones.
De esta manera, el flujo del
contrabando se incrementó notablemente, incluso hasta 25 rodados por día.
Crossa llegó a disponer castigos para los camiones que no querían arreglar, a
los cuales delataba con Páez, a quien le pedía que enviara patrullas a
interceptarlos.
Los audios causaron un gran
impacto en la sala. Las defensas intentaron esgrimir algunos argumentos
tendientes disipar el peso de las pruebas o a confundir al testigo.
De esta manera, el debate
transitó con la reproducción de más audios y chats de conversaciones, en los
que se confirmó la participación delictiva del resto de los acusados y se hizo
referencia a la cantidad de dinero que la maniobra les dejó a los imputados.
Por ejemplo, en el caso de Crossa
se advirtió el manejo de millones de pesos, lo cual utilizó para comprar un
equipo electrógeno de primera marca, ganancias que compartía con sus hijos, que
quedaron registradas en un grupo de WhatsApp familiar. “Para ellos 250 mil por
semana y para mí lo mismo”, se escuchó decir al finquero en uno de sus mensajes,
tras una renegociación en torno al pago de los sobornos.
MP