Los
emprendimientos bodegueros no se sienten a gusto con la defensa de derechos que
ejercen las comunidades como la Diaguita Calchaquí. La letanía en el
tratamiento de la Ley de Propiedad de Territorios Comunitarios Indígenas,
genera conflictos por todo el país.

Cartel de propiedad privada en la década de 2010 en La
AguadaA los pobladores
que describen a sus patrones como “los azotadores de antes”, no los cobija el
manto del romanticismo nostálgico que envuelve a otros moradores mansos de
lugares y parajes turísticos salteños. Por poner el cuerpo y librar la batalla
por la propiedad comunitaria de sus territorios, los de La Aguada en Cachi,
padecen encerronas de propios y extraños. La policía local tiende a desconocer
sus derechos, la fiscalía zonal prefiere aletargar procedimientos, los
administradores de turno en el Estado provincial eligen olvidar pactos internacionales,
la Constitución Nacional y el Código Civil. Por si fuera poco, una parte de los
abogados también optan por desconocer las leyes vigentes y tratados que amparan
en Argentina los derechos indígenas.
Seis kilómetros
por camino de tierra, sinuoso y consolidado, separan el casco histórico del
pueblo de Cachi del paraje La Aguada. Los carteles de la ruta del vino guían
hasta las últimas bodegas que se instalaron en la zona durante la década
pasada: Miraluna y Bodega Puna. Desde que ellas llegaron, los miembros de la
Comunidad Diaguita Calchaquí en La Aguada no la tienen fácil. El espacio del
territorio comunitario, se compone de algunas hectáreas aptas para cultivo
limitadas por el agua de riego disponible. Otras tantas son de montañas pedregosas
que rodean al frágil sector productivo. El Instituto Nacional de Asuntos
Indígenas (INAI) entregó la carpeta técnica a esa comunidad en 2014. El acto
implicó que legalizó su relevamiento territorial y cumplió con todos los
requisitos previstos por Ley 26.160.
Los nuevos
vecinos sostienen que son los habitantes ancestrales quienes usurpan sus
tierras. Hay apellidos que circulan hace décadas en papers académicos. Esos
estudios profundizaron sobre el proceso del loteo de la vieja Hacienda de
Cachi, que duró entre 1949 y 1964. Julio
Octavio Ruiz Moreno por la página 300 de un libro de su autoría publicado en
2009, lo sintetizó así: “El gobierno de esa época (…) la expropió a un precio
vil (…) con el argumento de extender el radio urbano de Cachi. Pero como siempre,
lo mejor y más valioso (...) quedó en manos de los jerarcas partidarios y sus
amigos en la ciudad de Salta”. Entre ellos, los Wayar y los Durand. A los
herederos de los primeros se enfrentan recurrentemente los miembros de la
comunidad de La Aguada en Cachi, aunque también otras vecinas, como Las Pailas.
La novedad es la
llegada de otros actores. Se sumaron en 2015, los periodistas Jorge
Fontevecchia y María Laura Santillán como socios en El Molino de Cachi. La SRL
es bodega y emprendimiento hotelero con domicilio legal en California 2721 de
la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). La información se desprende del
historial de sociedades comerciales del Boletín Oficial de la Nación. De la
capa catastral 2022 disponible en el geoportal IDESA (acceso público), se
desprende además que les pertenece el catastro ubicado al noreste del paraje La
Aguada. Es decir, se encuentran cerca
del límite entre La Aguada y la vieja Finca Hacienda de Cachi.

Al cruzar la territorialidad registral / privada con
la comunitaria de ocupación actual, tradicional y pública, surgen preguntas
inquietantes. Por ejemplo: ¿sabrán los socios productores del malbec “Barranca
de los Pájaros” que es altamente probable que su propiedad ocupe parte del
territorio comunitario ancestral que el Estado Argentino reconoció a la
Comunidad Diaguita Calchaquí de La Aguada en 2014?, Salta 12 no pudo obtener
respuesta de ninguno de ellos.

Otro dato que
surgió al consultar las mismas fuentes, es que el mayor propietario registral
que ocupa parte del territorio comunitario, no es ninguna de las bodegas o
propietarios registrales actuales. Más del sesenta por ciento del espacio de
uso comunitario pertenece desde 1981 a una sociedad anónima de nombre Maropont.
Por la fecha, la propiedad de 22.708 hectáreas, fue adquirida durante el
gobierno de facto de Roberto Augusto Ulloa.
La autoridad
Diaguita Calchaquí de La Aguada, Nemesio Fabián, cree que la sociedad anónima
esconde viejos terratenientes. Sin embargo, no hay prueba cierta de ello. Del
historial de sociedades comerciales del Boletín Oficial nacional, se desprende
que la firma formalizó su constitución
el 24 de Noviembre de 1981. Como la fuente no muestra cambios
societarios en el tiempo, se puede afirmar que aún la conforman dos socios y
dos síndicos: Jacinto Midali (presidente), Nerio Antonio Almeida
(vicepresidente), Víctor Hugo Cappacioli (síndico titular), y Avelino Carlos
Zavala (síndico suplente).
Salta 12 no pudo
dar con el representante legal de la SA en la provincia. En Mayo de 2018 la
sociedad fue convocada por el Juez de Minas y en lo
Comercial de Registro de la Provincia de Salta – en ese momento Gabriel Chibán
– por un descubrimiento de tierras raras y litio en su propiedad. Lo
último se desprende del Boletín Oficial salteño. Maropont es dueña de todas las
serranías alrededor de La Aguada, desde el filo de las cumbres del Nevado
Libertador General San Martín (Nevado de Cachi) hasta el límite sur que
comparte con el territorio comunitario Diaguita Calchaquí.
Disciplinar, doblegar, expulsar
Sobre los
hectáreas fértiles de cultivo, los vecinos bodegueros de La Aguada no parecen
admitir la presencia de comuneros combativos. El último conflicto estalló entre
Enero y Febrero de 2019, aunque ya no con Bodega Miraluna. El hecho
prepandémico, dejó a varios miembros de la comunidad implicados en una causa
penal. Como ya atravesó la etapa de instrucción, espera fecha la instancia oral
y pública. “En el juicio de La Aguada no se discute el dominio de la
propiedad”, explicó a Salta 12 Josue Díaz Cueto, abogado de la comunidad
Diaguita Calchaquí. Detalló que los comuneros están imputados por usurpación y
otras acusaciones penales. Esperan que la causa alcance la siguiente instancia
hacia finales del año en curso.
“Esto forma
parte de una estrategia de criminalizar la defensa del territorio indígena por
vía penal, que es algo que viene pasando no solo en Salta, sino en todo el país”,
continuó. “Claramente se busca disciplinar para doblegar la resistencia de la
comunidad ante el avance del despojo territorial que, en éste caso, se ejerce
de parte de Bodega Puna”. Desde el área legal de esa Bodega eludieron la
polémica sobre la legalidad de la propiedad comunitaria. Se remitieron a
aclarar a Salta 12 que son legítimos propietarios del catastro en conflicto,
que la causa está en la justicia salteña, y que la firma espera el descenlace
final.
La Comunidad
Diaguita volvió a denunciar usurpación y atropellos sobre su propiedad
comunitaria en Febrero y Abril de este año. “Nosotros hicimos las denuncias en
la policía de Cachi y en la fiscalía penal, pero intentan disuadirnos”, explicó
Nemesio Fabián a Salta 12. Para Díaz Cueto, la estrategia principal de la
Bodega y otros propietarios es la del desgaste, un camino por el que pretenden
expulsar definitivamente a quienes molestan.
“Queda claro que
Bodega Puna fue a usurpar un espacio que fue utilizado por la comunidad
colectivamente desde mucho tiempo atrás. La bodega sigue atropellando, tira
material de construcción donde no corresponde, y la justicia es muy lenta” ,
opinó Waira Condorí, vocal diaguita y presidente del Instituto Provincial de
Pueblos Indígenas de Salta (IPPIS). “No
hay que olvidar que la propiedad comunitaria contiene grandes espacios que
resguarda patrimonio arqueológico”. Salta 12 no pudo contar con la opinión de
la Secretaría de Asuntos Indígenas de la Provincia.
Las estrategias
de expulsión no son novedad en Cachi. El último de ellos ocurrió hace poco más
de setenta años atrás. Fue un procedimiento que duró dieciocho años (1949 -
1967). Lo explicó con lujo de
detalles en su tesina de grado, un estudiante de la carrera de Antropología de
la Universidad Nacional de Salta. Con documentación oficial, Miguel Ángel Borla
relató que un año después de la expropiación (1950) el gobierno de la provincia
adjudicó parcelas rurales dentro de la vieja Finca a favor de cada arrendero
que se presentó como un trabajador legítimo de esa porción de tierra. Fueron
alrededor de sesenta familias, pero la alegría no duró mucho. En 1952, el
gobierno de Salta propuso planes para la compra de esas y otras parcelas en el
viejo Cachi Adentro (hoy La Aguada). Estableció precios y fijó plazos, fuese de
contado o mediante plan de pago. Como los arrenderos no manejaban papel moneda
sino vales de la proveeduría del patrón, la suerte quedó echada.
A comienzos del
presente siglo, la novedad fue el modelo inmobiliario country & vid que
introdujo Carlos Robles después que le compró Finca San Miguel (al norte de La
Aguada) a Antonio Rodó. El nuevo paradigma cambió el uso del agua y la
composición de los vecinos. Desde entonces, los habitantes originarios (primero
de Las Pailas y Finca San Miguel, ahora de La Aguada) padecen lo mismo:
desgaste, palos, policía y causas penales que buscan criminalizar la defensa de
sus derechos y territorios. Como muchos no pudieron acreditar la propiedad
registral del lugar que habitaban, fueron reubicados lejos del área fértil y
sus paños de cultivo. Los que tuvieron más suerte ocupan alguna casa del Barrio
Luján, en la otra orilla del Río Calchaquí y de la Ruta Nacional 40.

Asuntos
pendientes
Urge la instrumentación
de la propiedad comunitaria indígena. En la Cámara de Diputados de la Nación
espera ser tratada la iniciativa que presentó en Diciembre de 2021 la
ex-legisladora nacional por Salta, Alcira Figueroa.
La ex-diputada
explicó que el proyecto fue girado a comisiones de Legislación General,
Población y Desarrollo Humano, Presupuesto y Hacienda. “Aún no fue tratada.
Tampoco tenemos noticias que esto ocurra
durante el año legislativo”, dijo a Salta 12. “Creo que la falta de tratamiento
ocurre porque no existe en la Cámara Baja una Comisión de Pueblos Originarios”.
Para Figueroa, es la razón por la que iniciativas claves como la
instrumentación de esta ley no forman parte de la agenda prioritaria de las
comisiones parlamentarias. Por lo tanto, tampoco tiene chances de llegar al
recinto. “Con una comisión específica, como sí existe en el Senado, sería más
fácil colocar en agenda cualquier proyecto referido a pueblos originarios”,
opinó.
El proyecto de Figueroa, reproduce el presentado en 2015 por la ex-senadora
Magdalena Odarda (actual presidenta del INAI) y Jaime Linares. Ese proyecto fue
acompañado luego Fernando “Pino” Solanas. Como la iniciativa perdió estado
parlamentario, otros legisladores la presentaron nuevamente. Mientras tanto, el
Estado Argentino fue condenado en la sentencia de
la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso de Lhaka Honhat
(Rivadavia, Salta) en Febrero de 2020. El organismo internacional entendió
que Argentina no cumplió con el respeto
y resguardo de los derechos territoriales de los Pueblos Indígenas en el norte
salteño ¿Deberán agruparse en el futuro todas las comunidades originarias de
Argentina para lograr la titularidad de sus territorios ancestrales? La batalla
de La Aguada es solo un caso en los Valles Calchaquíes.
Fuente:
Analía Brizuela para Salta/12