DDN. La periodista Analía Brizuela
lamentó que su nota en Página12, titulada
"¿El buen country o el buen vivir?" haya sido bajada del diario en un
claro acto de censura.
“Desconozco las razones, pero la
nota fue despublicada”, expresó y agradeció a los medios y colegas que se
hicieron eco de la información que el escrito da a conocer.
La publicación refiere a un modelo
estético en marcha que plantea la expulsión de los campesinos y originarios,
avanzando sobre sus territorios.
La Agencia Tierra Viva replicó la
nota que expresa:
Comunidades
indígenas de Salta denuncian que empresarios bodegueros avanzan sobre sus
territorios
El Pueblo Diaguita Calchaquí
habita los valles salteños desde hace siglos, pero también padece un sostenido
proceso de despojo territorial. La última avanzada la protagonizan compañías
bodegueras, incluso con nombres famosos: el empresario Jorge Fontevecchia y la
periodista María Laura Santillán. Denuncian la complicidad del Poder Judicial y
los gobiernos.
Por Analía Brizuela*
Desde Salta
A los pobladores que describen a
sus patrones como “los azotadores de antes” no los cobija el manto del
romanticismo nostálgico —que envuelve a otros moradores de los parajes
turísticos salteños—. Por poner el cuerpo y librar la batalla por la propiedad
comunitaria indígena en Salta, los pobladores de La Aguada (en Cachi) padecen
encerronas de propios y extraños. La policía local tiende a desconocer sus
derechos, la fiscalía zonal prefiere aletargar procedimientos, los
administradores de turno en el Estado provincial eligen olvidar pactos
internacionales, la Constitución Nacional y el Código Civil. Por si fuera poco,
una parte de los abogados también optan por desconocer las leyes vigentes y
tratados que en Argentina amparan los derechos indígenas.
Seis kilómetros por camino de
tierra, sinuoso y consolidado, separan el casco histórico del pueblo de Cachi
del paraje La Aguada. Los carteles de la ruta del vino guían hasta las últimas
bodegas que se instalaron en la zona durante la década pasada: Miraluna y
Bodega Puna. Desde que ellas llegaron los miembros de la Comunidad Diaguita
Calchaquí en La Aguada no la tienen fácil. El espacio del territorio
comunitario se compone de algunas hectáreas aptas para cultivo, limitadas por
el agua de riego disponible. Otras tantas son de montañas pedregosas que rodean
al frágil sector productivo.
El Instituto Nacional de Asuntos
Indígenas (INAI) entregó la carpeta técnica a la comunidad en 2014. El acto
implicó que legalizó su relevamiento territorial y cumplió con todos los
requisitos previstos por Ley 26.160. Pero los nuevos vecinos, empresarios del
vino, sostienen que la comunidad indígena usurpa esas tierras. Hay apellidos
que circulan hace décadas en papers académicos. Esos estudios profundizaron
sobre el proceso del loteo de la vieja Hacienda de Cachi, que duró entre 1949 y
1964. Por la página 300 de un libro de Julio Octavio Ruiz Moreno, publicado en
2009, lo sintetizó: “El Gobierno de esa época (…) la expropió a un precio vil
con el argumento de extender el radio urbano de Cachi. Pero como siempre, lo
mejor y más valioso quedó en manos de los jerarcas partidarios y sus amigos en
la ciudad de Salta”. Entre ellos, los Wayar y los Durand. A los herederos de
los primeros se enfrentan recurrentemente los miembros de la comunidad de La
Aguada en Cachi, aunque también en otras de localidades vecinas, como Las
Pailas.
La novedad es la llegada de otros
actores que apuntan contra la propiedad comunitaria indígena en Salta. Se
sumaron en 2015, los periodistas Jorge Fontevecchia y María Laura Santillán
como socios en El Molino de Cachi SRL. La empresa es bodega y emprendimiento
hotelero con domicilio legal en la calle California 2721 de la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires (CABA). La información se desprende del historial de sociedades
comerciales del Boletín Oficial de la Nación. De la capa catastral 2022,
disponible en el geoportal IDESA (acceso público), se evidencia además que les
pertenece el catastro ubicado al noreste del paraje La Aguada. Es decir, se encuentran
cerca del límite entre La Aguada y la vieja Finca Hacienda de Cachi.
Otro dato que surgió al consultar
las mismas fuentes es que el mayor propietario registral en la sociedad anónima
Maropont, que ocupa parte del territorio comunitario desde 1981. La propiedad,
de 22.708 hectáreas, fue adquirida durante el gobierno de facto de Roberto
Augusto Ulloa. Figuran como socios propietarios Jacinto Midali (presidente de
la sociedad anónima) y Nerio Antonio Almeida (vicepresidente).
En mayo de 2018 Maropont fue
convocada por el juez de Minas y en lo Comercial de Registro de Salta, Gabriel
Chibán, por un descubrimiento de las llamadas "tierras raras" y litio
en su propiedad (esto último está consignado en el Boletín Oficial salteño). La
empresa es dueña de todas las serranías alrededor de La Aguada, desde el filo
de las cumbres del Nevado Libertador General San Martín (Nevado de Cachi) hasta
el límite sur que comparte con el territorio comunitario Diaguita Calchaquí.
Disciplinar,
doblegar, expulsar
El último conflicto entre Bodega
Puna y los habitantes ancestrales de La Aguada estalló entre enero y febrero de
2019. El hecho dejó a varios miembros de la comunidad implicados en una causa
penal. Como el proceso ya atravesó la etapa de instrucción, actualmente espera
fecha la instancia oral y pública. “En el juicio de La Aguada no se discute el
dominio de la propiedad”, explicó Josue Díaz Cueto, abogado de la comunidad
Diaguita Calchaquí. Detalló que los comuneros están imputados por usurpación y
otras acusaciones penales. Esperan que la causa alcance la siguiente instancia
hacia finales de 2022.
Díaz Cueto calificó la denuncia
como "parte de una estrategia de criminalizar la defensa del territorio
indígena por vía penal, que es algo que viene pasando no solo en Salta, sino en
todo el país”. Al respecto, explicitó que “se busca disciplinar para doblegar
la resistencia de la comunidad ante el avance del despojo territorial que, en
este caso, se ejerce de parte de Bodega Puna”.
Desde el área legal de Bodega
Puna eludieron la polémica sobre la legalidad de la propiedad comunitaria. Se
remitieron a aclarar que son legítimos propietarios del catastro en conflicto,
que la causa está en la Justicia salteña y que la empresa espera el desenlace
judicial.
La Comunidad Diaguita volvió a
denunciar usurpación y atropellos sobre su propiedad comunitaria en febrero y
abril de este año. “Hicimos las denuncias en la policía de Cachi y en la
fiscalía penal, pero intentan disuadirnos”, explicó Nemesio Fabián, dirigente
de esa comunidad. Para Díaz Cueto la estrategia principal de la Bodega y otros
propietarios es la del desgaste, un camino por el que pretenden expulsar
definitivamente a los habitantes ancestrales.
“Queda claro que Bodega Puna fue
a usurpar un espacio que era utilizado por la comunidad colectivamente desde
mucho tiempo atrás. La bodega sigue atropellando, tira material de construcción
donde no corresponde, y la Justicia es muy lenta”, opinó Waira Condorí, vocal
diaguita y presidente del Instituto Provincial de Pueblos Indígenas de Salta
(Ippis). “No hay que olvidar que la propiedad comunitaria indígena en Salta
contiene grandes espacios que resguarda patrimonio arqueológico”, añadió. La
Secretaría de Asuntos Indígenas de la provincia prefirió no opinar.
Una
historia que se repite
Las estrategias de expulsión no
son novedad en Cachi. Un caso emblemático ocurrió hace poco más de 70 años y
fue un procedimiento que duró casi dos décadas (1949 - 1967). Lo explicó con
lujo de detalles en su tesina de grado Miguel Ángel Borla, un estudiante de
Antropología de la Universidad Nacional de Salta. Con documentación oficial,
Borla relató que un año después de la expropiación (1950) el gobierno de la
provincia adjudicó parcelas rurales dentro de la llamada "Vieja
Finca" a favor de cada arrendador que se presentó como un trabajador
legítimo de esa porción de tierra. Fueron alrededor de 60 familias, pero la
alegría no duró mucho. En 1952 el gobierno de Salta propuso planes para la
compra de esas y otras parcelas en el viejo Cachi Adentro (hoy La Aguada).
Estableció precios y fijó plazos. Como los arrendadores no manejaban papel
moneda sino vales de la proveduría del patrón, la suerte quedó echada y fueron
perdiendo sus parcelas.
A comienzos del presente siglo,
la novedad fue el modelo inmobiliario "country & vid" que
introdujo Carlos Robles después de comprarle la Finca San Miguel (al norte de
La Aguada) a Antonio Rodó. El nuevo paradigma cambió el uso del agua y la
composición de los vecinos. Desde entonces, los habitantes originarios (primero
de Las Pailas y Finca San Miguel, ahora de La Aguada) padecen lo mismo:
desgaste, palos, policía y causas penales que buscan criminalizar la defensa de
sus derechos y territorios.
Como muchos no pudieron acreditar
la propiedad registral del lugar que habitaban fueron reubicados lejos del área
fértil y sus áreas de cultivo. Los que tuvieron más suerte ocupan alguna casa
del barrio Luján, en la otra orilla del río Calchaquí y de la Ruta Nacional 40.
Asuntos
pendientes en el Congreso de la Nación
La situación en Salta evidencia
la urgencia de la instrumentación de la propiedad comunitaria indígena. En la
Cámara de Diputados de la Nación espera ser tratada la iniciativa que presentó
en diciembre de 2021 la legisladora nacional por esa provincia, Alcira
Figueroa.
La ahora ex diputada explicó que
el proyecto fue girado a comisiones de Legislación General, Población y
Desarrollo Humano, Presupuesto y Hacienda. “Aún no fue tratada. Tampoco tenemos
noticias de que esto ocurra durante el año legislativo”, dijo y agregó: “Creo
que la falta de tratamiento ocurre porque no existe en la Cámara Baja una Comisión
de pueblos originarios”.
Para Figueroa, esa es la razón
por la que iniciativas claves (como la instrumentación de la propiedad
comunitaria indígena) no forman parte de la agenda prioritaria del Congreso
Nacional. “Con una comisión específica, como sí existe en el Senado, sería más
fácil colocar en agenda cualquier proyecto referido a pueblos originarios”,
opinó.
El proyecto de Alcira Figueroa
reproduce el presentado en 2015 por la ex-senadora Magdalena Odarda (actual
presidenta del INAI) y Jaime Linares.
Mientras en el Congreso se demora
una ley de instrumentación de la propiedad comunitaria indígena, el Estado
Argentino fue condenado en la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos en el caso de Lhaka Honhat (Rivadavia, Salta) en febrero de 2020. El
organismo internacional entendió que Argentina no cumplió con el respeto y
resguardo de los derechos territoriales de los pueblos indígenas en el norte
salteño.
*Artículo original (despublicado)
en el diario Página12 con el título "¿El buen country o el buen
vivir?"
Edición: Agencia Tierra Viva.
Fuente: FM Noticias 88.1 Mhz.
MP