DDN. La estructura criminal,
comandada por Jorge Navarro y su hijo Gustavo, tenía entre sus miembros a
Alberto Rojas, vinculado a un integrante de la “Banda de los Monos”. Un
teléfono celular fue la prueba clave para descubrir los movimientos de esta
organización. Las penas finales impuestas a los miembros de esta organización
criminal ascienden a 46 años y 6 meses.
En un juicio impulsado por el
Área de Atención Inicial, de la Unidad Fiscal Salta integrada por la fiscal
subrogante Paula Gallo, el Tribunal Oral Federal N°1, compuesto por Mario
Marcelo Juárez Almaraz, Marta Liliana Snopek y Santiago Federico Díaz, condenó
el martes pasado a Jorge Navarro y a su hijo Gustavo por los delitos de
organización de transporte de estupefacientes agravado por el número de
intervinientes.
La pena impuesta para Jorge
Navarro fue de 13 años de prisión, mientras que para Gustavo Navarro fue de 12
años y 6 meses, también se lo encontró culpable del delito de tenencia de
estupefacientes. Ambas condenas son las más altas obtenidas por el Ministerio
Público Fiscal desde la implementación del Código Procesal Penal Federal, que
el 10 de junio cumplirá cuatro años de vigencia en Salta y Jujuy.
Esta sentencia, sin embargo, se
amplía aún más si se tienen en cuenta las penas impuestas al resto de los
integrantes de la organización: Alberto Rojas, José Pereyra, Eugenio Belizan y
Héctor Villalbas, cuya situación procesal fue resuelta a través de juicios
abreviados.
En el caso de Rojas, la pena
impuesta fue de 6 años de prisión en calidad de coautor y fue declarado
reincidente debido a una sentencia similar dispuesta en su contra por el
Tribunal Oral Federal de Rosario N°3, el 16 de agosto de 2019, cuando lo
condenaron junto a otros doce implicados -detenidos el 9 de octubre de 2015-
por el transporte de 53 kilos de cocaína, descubierto en el ingreso a esa
ciudad.
Junto a Rojas, el tribunal
rosarino condenó a Walter “Dani” Jure, integrante de la “Banda de los Monos”,
como coautores del transporte de la droga, que iba camuflada dentro de globos
de piñata.
Además, se destaca la sentencia
del comisario Carlos Schmidt, ex jefe del Comando Radioeléctrico como partícipe
primario del delito de tráfico de estupefacientes en la modalidad de tenencia
con fines de comercialización, doblemente agravado por haberlo cometido con la
concurrencia de tres o más personas en forma organizada y por su condición de
funcionario público. En ese orden, el Tribunal le impuso una pena de 6 años de
prisión.
También, y en grado de coautor,
el TOF N°1 le impuso a Pereyra seis años de prisión y lo declaró reincidente,
debido a una pena de 10 años de prisión por infracción a la Ley 23.737, dictada
el 19 de junio del 2017, por el Tribunal Federal Oral de Santiago del Estero.
Por la misma calificación,
Villalbas recibió una pena de 5 años, en tanto que Belizan fue condenado a 4
años, en calidad de partícipe secundario, a lo que se sumó el decomiso de dos
camionetas y una suma de dinero cercana a los 50 mil pesos.
Las penas finales impuestas a la
organización criminal liderada por los Navarro, oriundos de la ciudad de
Tartagal, ascienden a 46 años y 6 meses, lo que constituye otra marca dentro
del sistema acusatorio, las mismas fueron obtenidas en debate y mediante salidas
alternativas.
Otro de los puntos destacados de
esta causa está directamente relacionado con el tiempo en que la fiscal Gallo,
a cargo del Área de Atención Inicial, logró abrir el caso, llevarlo a juicio y
obtener las condenas de todos los eslabones de la cadena delictiva. Cabe
destacar que la etapa de investigación se extendió por siete meses, para luego
avanzar con los procesos abreviados y el juicio oral a los Navarro, que demandó
otros 12 meses. Esto se pone de relieve aún más si se compara, por ejemplo, con
la primera condena de Rojas, resuelta con el sistema mixto después de cuatro
años de producido el hecho.
Las penas finales impuestas a la
organización criminal liderada por los Navarro, oriundos de la ciudad de
Tartagal, ascienden a 46 años y 6 meses, lo que constituye otra marca dentro
del sistema acusatorio, las mismas fueron obtenidas en debate y mediante
salidas alternativas.
Todo se inició con un teléfono
Tanto en la apertura como en el
cierre del juicio de responsabilidad, la fiscal resaltó la forma en que a
partir de un teléfono celular secuestrado, se logró identificar y desentrañar
los complejos movimientos de la organización criminal liderada por los Navarro.
Al referirse a los hechos, la
representante del MPF dio por acreditado el primero de ellos, descubierto el 20
de octubre de 2021, cuando se registró la detención de Villalbas en un control
instalado en la ruta provincial 5, a la altura de la localidad de General
Pizarro, distante a unos 270 kilómetros de la capital de Salta.
El acusado conducía una camioneta
Toyota, de norte a sur. En la requisa física, los gendarmes descubrieron “un
brillo inusual” en los bordes del compartimento de herramientas, ubicado en el
baúl. Luego, con el control judicial y en presencia de testigos, se retiró el
cobertor y se hallaron 79 “ladrillos” de cocaína, con un peso final de 77 kilos
con 963 gramos.
En esa oportunidad, el
procedimiento parecía destinado a ser resuelto como un hecho de flagrancia, sin
embargo, el secuestro de su teléfono celular dentro de la camioneta, cambió
todo, pues de la lista de contactos se identificó a un usuario solamente con la
letra “G”.
Al analizar el contenido del celular se pudo establecer que el
detenido había mantenido comunicación con Jorge Navarro y su hijo, incluso se
pudo determinar, por el impacto en las antenas de telefonía, que mantuvo largos
encuentros con Gustavo dos días antes de ser detenido en las localidades de
Hipólito Yrigoyen y Embarcación, lo que sirvió para identificar el rol de cada
uno.
Mientras Villalbas hacía de
transportista, Gustavo Navarro iba por delante de la ruta, en calidad de “coche
puntero” o “barredor”, cuya función era la de avisar al vehículo cargado con la
droga sobre los controles de fuerzas de seguridad, como prueba de ello, la
fiscal citó un mensaje enviado por el hijo del jefe al conductor: “lindo
primo”, en señal de que la ruta estaba despejada.
Al día siguiente, esta clase de
mensajes se repitieron por un tramo, para luego decirle al chofer “tómese una
cerveza”, en alusión a un control, en el que finalmente detenido el conductor.
En esa jornada, después del procedimiento, Gustavo Navarro realizó 15 llamadas
al transportista.
Estos movimientos, según explicó
la fiscalía, integrada también por la auxiliar fiscal Vanina Pedrana, se
repitieron el 19 de mayo del 2022, cuando se desarticuló a toda la
organización, que ya estaba identificada a partir de las tareas de campo e
intervenciones telefónicas.
En esa fecha, los Navarro
llevaban adelante otro transporte importante de droga, que fue desactivado
nuevamente en la ruta 5, esta vez a la altura de la localidad de Luis Burela,
al sur de la provincia.
Para este transporte, se repitió
el tipo de vehículo utilizado: una camioneta Toyota, en esta ocasión conducida
por Pereyra, a quien los Navarro convocaron para tal función en febrero de ese
año, fecha en que le habían otorgado la libertad condicional por la pena
impuesta en Santiago del Estero.
Rojas, ex convicto por
narcotráfico y Belizan fueron contratados como soporte en materia de vigilancia
y despeje de la ruta, ellos ejecutaban sus roles a través de mensajes
encriptados, los que se cortaron tras la detención de Pereyra en un control
instalado para interceptar el transporte.
Al revisar la camioneta, los
gendarmes hallaron la droga oculta en el piso de la caja y el sector lateral
que da a la cabina, de donde se extrajeron 66 paquetes de cocaína, con un peso
de 65 kilos con 774 gramos, lo que motivó la detención de Pereyra.
Inmediatamente se registró la
detención de Jorge Navarro y su hijo, en sus respectivas viviendas en la ciudad
de Tartagal. En dichos procedimientos, se incautaron otros tres kilos de
cocaína en la casa de Gustavo, lo que llevó a la fiscalía a imputarle, en
carácter de concurso real, el delito de tenencia de estupefacientes.
Posteriormente, el 26 de julio de
2022, Rojas fue detenido, cuando transitaba por las calles Araoz, entre España
y San Martin, en Tartagal, a bordo de una camioneta Toyota. En tanto que
Belizan, cayó dos meses después, el 8 de septiembre.
En estos procedimientos, se
incautaron otros tres kilos de cocaína en la casa de Gustavo Navarro, lo que
llevó a la fiscalía a imputarle, en carácter de concurso real, el delito de
tenencia de estupefacientes.
Modus operandi
Al fundar la responsabilidad
penal de los acusados, la fiscal resaltó el rol de cada uno de los imputados,
como así también la función que tuvo Jorge Navarro como director de ambos
hechos de transporte, los que superaron los 143 kilos de cocaína.
La representante del MPF indicó
que, en ambos casos, el principal acusado permaneció en su casa, mientras que
su hijo llevó adelante el monitoreo de los envíos, a través de encuentros o
llamados telefónicos con los transportistas y con los encargados de realizar el
barrido de la ruta.
Respecto a este rol de
organizadores, la fiscal citó jurisprudencia de la Cámara Nacional de Casación
Penal, que sostuvo que “organizar” se trata de armar una “estructura funcional
que facilita la comisión de los delitos de los artículos 5 y 6 de la ley
23.737”.
En esa línea, destacó que esto se
logra “proveyendo los medios necesarios a ese fin -tráfico, entrega o
suministro de estupefacientes-, personas, instrumentos, movilidad y dinero, de
modo de obtener un mecanismo más o menos eficiente dirigido al logro de la
finalidad propuesta, sin importar el número de personas, ni la determinación o
diferencia de funciones, pues basta el mínimo entendimiento y coordinación”.
En tal sentido, la fiscal remarcó
que los Navarro crearon “una estructura” que le fue funcional para poder
cumplir con ambos hechos, para lo cual asignaron los roles del caso a sus
“dirigidos”. Indicó que, de la prueba producida en el debate, se acreditó que
padre e hijo “contactaban a los proveedores del estupefaciente y consiguieron
los vehículos para ambos transportes”.
Entre los mayores obstáculos
enfrentados en materia probatoria, la fiscal Gallo resaltó el “sistemático
cambio y descarte de líneas telefónicas” y de celulares. En ese marco, explicó
que padre e hijo utilizaron hasta seis líneas distintas, cada una de ellas
registradas a nombre de familiares o amigos, siempre con la intención de evitar
ser captados.
No obstante, la fiscalía pudo
establecer que “la droga se acondicionaba en Campo Durán, distante a 22 km de
la localidad fronteriza de Salvador Mazza, donde la droga era adquirida, para
luego trasladarla al sur del país”.
La fiscalía indicó que, del total
de 146,737 kilos de droga secuestrada, incluida la hallada en la casa de
Gustavo Navarro, se pueden extraer 1.112.331 dosis, lo que "representa un
grave daño que afecta directamente a toda la sociedad".
Asimismo, y del análisis de
impacto de los teléfonos de los acusados en las antenas, como así también de
los mensajes y llamadas, la fiscal describió el itinerario usado, el que se
sostenía sobre rutas provinciales. “Partían de Campo Duran o de Tartagal hasta
el cruce con la ruta 81 y de allí hasta la 53, para llegar a Embarcación,
trayecto con el cual evitaban el control de Gendarmería Nacional, ubicado en
Senda Hachada, en la ruta nacional 34.
La fiscalía relató que luego
continuaban por la ruta 5 hasta Las Lajitas, en el sur de la provincia. Desde
esa localidad abordaban la ruta 30 hasta el cruce con la ruta nacional 16, para
de esta manera acceder a la localidad de Joaquín V. González. “Este trayecto
incluye 130 kilómetros extras, los que se recorrían con el solo objetivo de
evadir los controles de gendarmería”, afirmó.
Otros de los aspectos salientes
del caso expuesto, giró en torno a la capacidad de adaptación puesta de
manifiesto por los Navarro al enterarse que estaban siendo investigados, lo que
surgió a partir de alertas que recibieron de parientes que estaban atentos al
movimiento de vehículos desconocidos que rondaban la zona, especialmente la
cercana a las viviendas de Jorge y Gustavo Navarro.
Al respecto, la fiscal mencionó,
entre otros mensajes, uno recibido por el padre, en el que le informaban: “este
teléfono igual que vos más pinchado que la m…”. Pese a ello, los acusados no
frenaron su accionar, sino que les recomendaron a los otros secuaces que
tomaran mayores precauciones. A raíz de esta advertencia, Pereyra descartó su
teléfono y, para realizar el transporte, utilizó el de su esposa.
También desde el MPF destacaron
que se pudo acreditar el movimiento de dinero realizado por Jorge Navarro,
quien, a través de mensajes, indicó a los otros acusados detalles de las
transferencias, lo que el imputado completó con una descripción de compra y
venta de vehículos realizadas por él y su hijo.
Por último, y en referencia al
bien jurídicamente protegido, la fiscalía indicó que, del total de 146,737
kilos de droga secuestrada, incluida la hallada en la casa de Gustavo Navarro,
se pueden extraer 1.112.331 dosis, lo que "representa un grave daño que
afecta directamente a toda la sociedad".
En función de ello, la fiscal
solicitó que todos los acusados fueran declarados penalmente responsables, esto
fue admitido por el tribunal, en línea los argumentos esgrimidos por la
fiscalía, como ocurrió al momento de establecer las penas finalmente impuestas.
Fuente: Fiscales penales
MP