DDN. El abogado querellante David
Leiva, comentó que se vivieron momentos de tensión por las interrupciones del
defensor durante las declaraciones de Delfín Castedo.
Es que el abogado Horacio Daniel
Morales, quiso parar la audiencia porque se oponía a que se preguntara sobre las
escuchas telefónicas que se incorporaron como prueba en esta causa, aun cuando
tuvo una semana para prepararlo.
En su declaración, sin juramento
de decir verdad, Delfín Castedo dijo que tenía una locación de prestación de servicios,
que incluso había trabajado con Miguel Ragone, que hacía trabajos de desmontes para
los que contrataba gente y que debía entregarle a Aparicio mil hectáreas, la
mitad para pastoreo y la otra mitad para agricultura. Afirmó también que nunca
tuvo problemas con Liliana Ledesma, que no planificó, ni instigó el crimen.
“Se lo notaba totalmente calmado
y cuando empezó a contestar preguntas de la fiscalía, por cuestiones vinculadas
a las escuchas y a los números telefónicos, lo primero que nos sorprendió es
que reconoce que Juan Moreno, que era el chofer de la ambulancia, lo llama a
los instantes de que Liliana Ledesma estaba en el hospital, a su teléfono particular
y él estaba en Buenos Aires, contándole que la habían matado. Reconoce además que
entre el chofer de la ambulancia y él hay tres comunicaciones, ese mismo día
entre la 01:00 y las 02:00 de la madrugada del día siguiente. Al reconocer el teléfono
que él usaba, las escuchas determinaban que ese era su número y que esa era la
voz que hablaba con Raúl Castedo y con Aparicio, mientras que las declaraciones
de algunos gendarmes, comprometidas y vinculadas al crimen de Liliana Ledesma, confirman
las escuchas”, señaló Leiva.
Fue en esta instancia que Morales
se opuso a que su defendido siguiera contestando y la querella insistía en que
el defensor no podía interrumpir la declaración, a lo que el juez le termina
diciendo que era un derecho personalísimo del imputado el declarar porque es un
acto de defensa. “Empezó a levantar la voz, a decir que no iba a permitir que
sigan así y pidió media hora para hablar con el imputado… no dejaba que se
avance, ni que el imputado continuara declarando”, comentó Leiva y agregó que
debido a esta circunstancia hubo dos cuartos intermedio hasta que el Tribunal
le advierte que podía ser sustituido en la defensa y que se le podrían aplicar
sanciones disciplinarias.
Al retomar la audiencia, se le
preguntó a Delfín Castedo si seguiría declarando y contestó que sí. Volvió el
cuestionamiento, aun con una postura más insistente de parte del defensor que
se oponía en forma acérrima a que lo hiciera, lo que fue interpretado por Leiva
como una maniobra para dilatar el juicio, ya que los reconocimientos que hizo
confirmó la prueba de las escuchas y que había participado como autor del
delito.
Cuando ya no quiso seguir
contestando preguntas, la querella solicitó al Tribunal que se introduzca por
lectura y se oralice la declaración prestada ante el doctor Aramayo, que fue en
la cárcel de Güemes, y en la que se evidenciaron aspectos contradictorios a lo
que venía declarando, ya que en aquella oportunidad, en el año 2017, Delfin
Castedo dice que con el diputado Aparicio no tenía una locación de servicio,
sino que le limpiaba mil hectáreas y que a contraprestación verbal recibía el
usufructo de esa finca durante 15 años.
Leiva hizo hincapié en que este es
un primer reconocimiento porque los empleados que iban ahí ya no eran del
exdiputado Aparicio, sino suyos y entre ellos estaba Casimiro Torres, uno de
los condenados por el crimen de la
pequeña productora.
Mencionó además que con el
reconocimiento del teléfono y cuando se introduce por lectura, dice que “a esa finca la usábamos para contrabandear
cereales” y el abogado defensor se negaba a que se incorpore esto porque si no
se autoincriminaba.
En aquella declaración, Castedo afirmaba
que después del crimen se había ido porque el diputado Aparicio le había dicho
que no lo podía proteger y que se fuera. Por lo que se trasladó a Bolivia,
pasando por su finca, reconociendo así que la finca se usaba para el
contrabando.
“Delfin y Ula Castedo dicen: nos
fuimos del país porque Aparicio nos dijo que no nos podía proteger. A Aparicio
se lo venía investigando desde 1999 con escuchas telefónicas que demostraban
que era el jefe de la organización narcocriminal”, subrayó Leiva.
En su turno de declarar, Ula
Castedo anticipa que no iba a aceptar preguntas de las querella, ni de la fiscalía.
“Se presenta como un peón de Aparicio, pero empieza a hablar como si trabajara
para su hermano, contratando el personal para el desmonte, entonces ya se sitúa
como mano derecha de su hermano y todas las escuchas telefónicas terminan
desembocando en el entorno comunicativo y todas esas cosas que transcribieron
los gendarmes que tenían intervenidos los teléfonos, que desde el teléfono de
Ula Castedo se comunicaba con todos los condenados y después lo hacía con
Delfin Castedo que era el jefe y la mano derecha de Aparicio”, indicó el
abogado querellante.
Y agregó en dialogo con FM
Noticias que “de las escuchas surge que al Pichi Ledesma, Ula le comentaba a
Delfin Castedo que sabía por dónde andaba, a qué hora se levantaba, a qué hora salía
de su casa, cuáles eran los lugares donde iban a trabajar y que tenían el
dinero para hacerlos desaparecer”.
En tanto, Leiva remarcó que Aparicio
también participó de este crimen y se murió antes por eso no está sentado entre
los acusados. Este les aportó a su hermana, Gabriela Aparicio, y su pareja
conviviente Ani Tárraga, quienes participan en el crimen porque era de la organización
y cuando deciden matarla hay una conversación en la que le piden elementos y
les dicen: ya tienen un machete pero quieren algo más contundente, como
diciendo le peguemos un balazo y terminemos, pero él les dice que de esa forma
se tiene que hacer, sugiriendo las puñaladas que finalmente recibió Liliana
Ledesma.
La interpretación de la querella
es que a Liliana Ledesma la matan de una puñalada en el corazón, que es la que
seguramente la desvanece, le parten la boca y no lo hacen para matarla, sino
para dar un mensaje a la sociedad de que eso le puede pasar a quien hablara. “Tiene
una similitud con el terrorismo de Estado o con las violaciones porque meten
miedo para inmovilizar a la población y para que nadie reaccione y en este caso
en particular para que no reaccionara ninguno de los puesteros afectados por la
decisión de expulsarlos de toda esa zona de frontera que ellos querían manejar
para ilícitos”, dijo y mencionó como ejemplo la situación de Sergio Rojas que
acompañaba a Liliana en sus reclamos y denuncias pero que luego se desdijo, tal
vez por temor o presiones.
Incluso fue el quien advirtió que
si le pasaba algo seria por culpa de los Castedo y Aparicio y que la finca era
una zona para el narcotráfico en la que se pretendía establecer un aeropuerto. Sin
embargo, ahora minimiza los hechos y asegura: “Nosotros estábamos agrandando,
es como si habláramos de los 8 mil o 30 mil desaparecidos…estaba preparado para
que venga a decir esas cosas”.
Finalmente, informó que todas las
desgrabaciones previas al crimen y dos días después, fueron puestas en
conocimiento del exjuez federal Raúl Reynoso y este las cajoneo durante años;
es por esto que Leiva pedirá que se investigue al exmagistrado por
encubrimiento.
Consultado por el robo a su hija,
a la que le desvalijaron la casa y si lo relaciona a la inseguridad en Oran o a
un mensaje para él y su familia, contestó que a la fiscal en dos días de
audiencia le pincharon tres veces el auto, encontró alambre en las ruedas y la
chocó un gendarme retirado con domicilio en Tartagal. “No quiero decir que la
colega que está conmigo, que es mi hija, que es un robo vinculado a la cuestión,
pero son cosas que si se pensaron”, expresó.
Fuente: Algo personal-FM Noticias
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MP