Histórico "batacazo" de Lula | Qué hizo en 21 días para sumar 10 millones de votos

Lo que para muchos analistas y consultoras parecía una elección definida, terminó en un hito histórico. Las decisiones políticas que comandaron la remontada y un "chiste" de Bolsonaro que lo condenó.
Hace 9 horas INTERNACIONALES

Nunca en la historia democrática de Brasil un presidente perdió la primera vuelta electoral y luego ganó la segunda, y jamás un mismo hombre logró alcanzar cuatro mandatos presidenciales. A contramano de la tendencia en América Latina, donde los oficialismos suelen perder, Luiz Inácio Lula da Silva logró lo que parecía imposible: dio vuelta el resultado y se consagró ganador en un ballotage histórico.

​Con casi el 52% de los sufragios (64,2 millones), el actual mandatario superó al candidato de derecha Flávio Bolsonaro (48%). El dato que estremece a los analistas es la magnitud de la remontada: Lula sumó 10 millones de votos en apenas 21 días, mientras que su rival apenas creció en 3 millones, perdiendo incluso el caudal de votos de los candidatos menores que lo habían apoyado públicamente.

El fracaso de las encuestas y el giro de timón

El escenario previo era por demás adverso. En la primera vuelta del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro había sacado un 47% contra un 45% de Lula. Al ser el único candidato "progresista", el líder del PT tenía un techo electoral muy marcado frente a los casi 9 millones de votos de la derecha que irían casi automáticamente a su rival. De hecho, encuestadoras como Datafolha y Quaest pronosticaban un "empate técnico" con leve ventaja para el bolsonarismo. Todas volvieron a fallar.

La única salida para el oficialismo era cazar a los 33 millones de brasileños que no habían ido a votar. Para lograrlo, Lula lanzó un enorme y costoso programa de contención que la oposición bolsonarista no tardó en comparar con el llamado "Plan Platita" argentino.

La revolucionaria jornada 5x2

La medida estrella de este abanico de anuncios fue la histórica reducción de la jornada laboral, que pasó de 44 a 40 horas semanales. Con esta modificación, Brasil deja atrás su desgastante régimen de "6x1" (seis días laborables por tan solo uno de descanso) para implementar un sistema "5x2" (cinco días de trabajo y dos de franco). La jugada fue un gol estratégico de Lula, ya que forzó a los propios opositores a tener que festejar y avalar su agenda legislativa.

A este impacto medular se le sumó una batería de inyecciones económicas directas: la condonación de deudas con el Estado para emprendedores independientes, la inédita compra de sus deudas bancarias, créditos blandos para taxistas, préstamos para la primera vivienda y un subsidio de hasta 10.000 reales para universitarios que busquen iniciar su primer emprendimiento. Además, se dispuso el anticipo y aumento de la asignación "Bolsa Família" y se garantizó el transporte público gratuito durante los fines de semana.

En paralelo, el PT acusó recibo de su derrota en el discurso sobre seguridad. Lula fue a la televisión y prometió crear un Ministerio de Seguridad, impulsar la intervención de fuerzas federales en los estados y abrió la puerta a bajar la edad de imputabilidad de 18 a 16 años.

"Nueve dedos": el error no forzado en televisión

El punto de inflexión definitivo ocurrió en el debate televisivo nacional. Mientras Flávio Bolsonaro arrinconaba a Lula con los datos de inflación, cometió un gravísimo error táctico al llamarlo "nueve dedos", en referencia al meñique que el presidente perdió a los 17 años trabajando de madrugada como tornero.

Lo que en redes bolsonaristas era un chiste recurrente, frente a 50 millones de televidentes sonó como una burla clasista a los trabajadores discapacitados por accidentes laborales. Aunque Flávio tuvo que pedir disculpas en vivo, el daño estaba hecho. Lula aprovechó el exabrupto para salir de la discusión técnica económica, conectar emocionalmente con la clase trabajadora y exponer a su rival como un privilegiado.


Algoritmos, geopolítica y el peso de la religión

La inédita remontada oficialista también se explica por una serie de factores subterráneos en la campaña. En primer lugar, la batalla digital: el PT llegó a denunciar formalmente a Meta por alterar los algoritmos en Brasil para favorecer y priorizar los contenidos de Bolsonaro de manera invasiva.

En el plano geopolítico, el apoyo de Donald Trump a la candidatura de Flávio fue notablemente más tímido en comparación con el respaldo que el líder republicano le brindó a figuras como Javier Milei o Daniel Noboa. Esto despertó fuertes interrogantes sobre si la Casa Blanca consideraba este revés electoral como una posibilidad concreta, o si en realidad a Washington le resultaba más conveniente sostener a un socio como Lula dentro de los BRICS.

Finalmente, el aspecto religioso jugó un rol letal en los últimos días de campaña. Trascendió que Bolsonaro, impulsado por sectores evangélicos, pretendía pedirle al Vaticano la remoción de obispos "comunistas" y quitarle el reconocimiento oficial como Patrona de Brasil a la popular Virgen de Aparecida. Aunque el candidato aclaró que se trataba de fake news, el rumor caló tan hondo que, en la previa del ballotage, un grupo de obispos católicos llamó abiertamente a votar por Lula da Silva.


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