DDN. El Tribunal Oral Federal N°2 de Salta, integrado por
Abel Fleming (presidente), Domingo Batule y Gabriela Catalano, condenó el
jueves pasado a Juan Carlos Serrano Cruz y Nicolás Maximiliano Amaya a 7 años de
prisión, en la audiencia final de un juicio que había comenzado el 19 de marzo.
La pena impuesta fue la solicitada por el fiscal general
Francisco Snopek, de la Unidad Fiscal Salta, quien llevó adelante el caso desde
el inicio. Previamente, en el juicio de responsabilidad, logró que ambos
acusados sean declarados culpables por el delito de transporte de
estupefacientes agravado por el número de intervinientes, en calidad de
coautores.
El caso se presentó difícil para la fiscalía, pues
Serrano Cruz y Amaya, detenidos con posterioridad al secuestro de la droga,
habían desplegado numerosas e intricadas maniobras de ocultamiento que los
colocaban distantes del transporte como de quienes lo ejecutaron.
Con comunicaciones en las que abundaban el lenguaje
encriptado y movimientos migratorios coordinados para no aparecer junto a los autores
materiales del tráfico, entre otras estratagemas, los dos acusados condujeron
los hilos de la operación.
La fiscalía presentó en el debate los resultados de una
investigación que por las pruebas reunidas y el análisis criminológico, permitió
llegar a los eslabones más importante de esta organización.
Todo ello fue puesto de manifiesto por el tribunal al
momento de expresar los fundamentos de su veredicto. Al respecto, el juez
Fleming, graficó la argucia de Serrano Cruz y Amaya con el cuadro de Las Meninas,
del pintor español Diego Velázquez, obra que utilizó para significar la
“ausencia presente” de los acusados durante toda la operación de narcotráfico.
La punta del ovillo
El caso se inició en la madrugada del 12 de diciembre de
2019, cuando una patrulla de Gendarmería Nacional detuvo dos camionetas VW Amarok,
en las cuales viajaban los hermanos Branco y Ezequiel Villegas, oriundos de Mendoza,
y Rodolfo Cruz, de Jujuy.
Los rodados fueron detenidos para el control de rutina en
la ruta 68 a 7 kilómetros de la ciudad de Cafayate. Se descubrió que en el interior
del tanque de combustible llevaban paquetes de cocaína, con un peso de 79
kilos.
Lo que más llamó la atención de esta carga fue que el
tanque había sido alterado de tal forma que los soportes internos, que
funcionan como rompeolas, no permitan ver la droga, la cual, a su vez, fue
envasada al vacío para evitar su detección por canes antinarcóticos.
Este aspecto fue resaltado por el fiscal en su alegato,
pues es una de las evidencias claves de la maniobra. Los jueces lo señalaron
como un elemento que da cuenta del grado de sofisticación de la empresa
delictiva.
Por este hecho, el fiscal Snopek llevó a juicio a los hermanos
Villegas y Cruz ante el Tribunal Oral Federal N°1, el cual resolvió condenarlos
a penas de 7 años de prisión el 15 de julio de 2020 y el decomiso de las dos
camionetas.
Desde la sombra
La fiscalía advirtió que había indicios y pruebas
respecto a los ideólogos de la operación y avanzó con las pesquisas, lo cual
derivó en la detención de Serrano Cruz y Amaya. Ello sucedió a horas de
iniciado el juicio a sus cómplices.
La fiscalía –en el alegato de apertura- advirtió sobre la
complejidad del caso, pues a diferencia de los autores materiales fue necesaria
una tarea más pormenorizada en la reunión de indicios y el análisis de cada uno
de ellos.
Para ello, la fiscalía, integrada también por la auxiliar
fiscal Roxana Gual, presentó varios testigos y una importante cantidad de
pruebas técnicas, entre ellas cuadros de interacciones entre cada uno de los
componentes de la organización, en especial con Serrano Cruz y Amaya.
Al alegar, el fiscal Snopek proyectó este cuadro y otros
con los cuales mostró el movimiento migratorio, las comunicaciones telefónicas
y la explotación de redes sociales. Con ello probó la relación de los acusados
con la droga y los tres condenados.
Como primer punto a tener en cuenta, el fiscal señaló el
punto de origen de los integrantes de la organización: todos oriundos de una
misma localidad en Mendoza. Serrano Cruz, de nacionalidad boliviana, era la
persona que contaba con los nexos en ese país para la obtención de la droga,
apuntó el fiscal.
Movimientos migratorios
Amaya y los hermanos Villegas registraban salidas del país
con ingreso a Bolivia, por el Paso Puerto Chalanas, el 4 de diciembre de 2019,
mientras que Serrano Cruz, quien claramente ocupaba otra jerarquía, lo hizo el
8 de ese mes, también por el mismo paso.
Por su parte, Cruz, quien residía en Jujuy, ingresó a Bolivia
el mismo 10 de diciembre, fecha en la que todos, con excepción de Serrano Cruz,
regresaron al país, pero por el paso de Aguas Blancas, para iniciar el
transporte de la droga.
Serrano Cruz, sin embargo, no registra un reingreso legal,
aunque las pruebas indican que retornó al país. En ningún momento se unió a sus
cómplices, quienes viajaban con la droga acondicionada en el tanque de
combustible.
El 11 de diciembre, a las 22.05, cuando el convoy se
hallaba en Metán, Amaya, quien estaba por debajo de Serrano Cruz, a cargo de la
logística, se despidió de los Villegas y siguió viaje a Mendoza a bordo de un
colectivo de larga distancia.
No obstante, y para mantener el monitoreo de sus cómplices
y la droga, que iba con ellos, dejó en poder de Branco Villegas su teléfono celular
con las cuentas de correo electrónico y otras contraseñas abiertas.
Esta, según el fiscal, fue otra de las maniobras
salientes de ocultamiento y distanciamiento, en este caso de Amaya, con
respecto a la droga, la cual, sin embargo, fue suplida mediante contacto con
mensajes y llamadas encriptadas con los hermanos Villegas.
Para probar el contacto permanente entre Serrano Cruz y
Amaya con los cómplices que llevaban adelante el transporte de la droga, el
fiscal desmenuzó, con gráficos digitalizados, todas las llamadas y mensajes que
se obtuvieron de los teléfonos secuestrados, los cuales revelaron todas las
comunicaciones, incluso los mensajes que aparecían borrados, pero que fueron
recuperados.
Durante la
audiencia se reprodujeron numerosos audios que revelaron cómo Serrano Cruz y
Amaya, siempre con nombres cambiados o apelativos, con lenguaje cifrado e incluso
con voces forzadas para no ser reconocidos, monitorearon el avance del cargamento
hasta que fueron detenidos.
“Coautores”
“Todos son coautores del transporte, pues cada uno con
roles distintos en la cadena jerárquica de la organización tuvo una participación
activa en un mismo hecho, algunos de manera directa como los Villegas y Cruz y
otros, en el caso de Serrano y Amaya, de manera indirecta, pero sin perder jamás
el dominio de la operación”, sostuvo el fiscal.
También descartó de plano las coartadas planteadas por la
defensa de ambos acusados. En el caso de Amaya, que fue a comprar bicicletas
para la reventa en Mendoza, o bien, el argumento de Serrano Cruz, respecto a
que sus numerosas salidas migratorias fueron para visitar a sus familiares.
Para dejar en claro el interés de los dos acusados en la
operación, el fiscal mostró a los jueces fotografías de Serrano Cruz, extraídas
de sus perfiles en las redes sociales, en las que hacía gala de cuatro
vehículos de alta gama, entre ellos un Audi y un Chevrolet Camaro, éste último
valuado en Argentina en una suma de 100 mil dólares.
El fiscal resaltó que las dos camionetas utilizadas para
el transporte también son de Serrano Cruz; una de ellas aparece vendida por el
acusado a Branco Villegas, quien se movilizaba con una autorización firmada por
quien, en realidad, fue el ideólogo principal de la operación.
En base a estas y otras pruebas, el fiscal logró que los
jueces, al definir la responsabilidad penal, declarasen culpables a los dos
acusados, para quienes luego solicitó, en la etapa de cesura, la pena de 7 años
de prisión, aplicada finalmente por el tribunal.
Estructura no visible
Al momento de fundamentar la condena, con el juez Fleming
siempre como vocero, el tribunal coincidió prácticamente con todo lo expuesto
por la fiscalía. Se valió para ello de los datos expuestos en los cuadros
utilizados en la exposición por el representante del MPF para determinar la
responsabilidad de Serrano Cruz y Amaya.
En su metáfora con el cuadro de Las Meninas, el juez
señaló que en dicha obra “hay algo que no está en el cuadro; todas las miradas
van dirigidas a un punto lateral en la escena, donde se ubica un espejo, en el
que se puede ver la figura de una persona que esta fuera de la escena que mira
el pintor”.
Esa figura, explicó, se trata nada menos que del rey. “En
esta obra, hay algo que organiza la escena y ese es el rey, quien es lo más
importante; sin embargo, no aparece en el cuadro, aunque tiene más presencia
por ausencia que por presencia misma”.
De la misma manera, agregó, este concepto de estructura no
visible, pero con una función de organización de la acción, se repite “en el
crimen organizado, donde hay un nivel de estructura que no es visible, por lo
que hay que identificarlo y llegar a visualizarlo a partir del análisis
sistémico”.
Explicó que “las pruebas en los grados superiores no son
directas ni instrumentales, sino indiciarias, están aisladas unas de otras sin
decir nada en este estado, pero si las reunimos revelan el hecho”.
Para los jueces, Serrano Cruz aparece caracterizado como
una persona que “nos presenta una cantidad de obstáculos en la vinculación con
los otros acusados y los hechos. Con respecto al suceso, hay una interferencia
explicita y otra deliberada”. Esta conducta de desagregar los indicios sólo se
explica con un solo objetivo: “debilitar la acusación”.
“Plata chica”
Fleming señaló que en este caso no hubo necesidad de un
“barredor”, función que consiste en un vehículo que recorre la ruta por delante
para alertar sobre la presencia de las fuerzas de seguridad. “No fue necesario
porque el modo de acondicionamiento de la droga les daba seguridad, ya que se
hizo con un alto grado de eficiencia”, indicó.
El juez reconoció que “este grado de complejidad es
propio de las personas que tienen cierta profesionalidad en esta actividad. Y
para ello basta ver el listado de los pasos por las fronteras, tanto hacia
Bolivia como a Chile”.
Al momento de analizar los planteos defensivos, indicó
que el movimiento migratorio de los acusados, por ejemplo, excede la excusa de
Serrano Cruz de que “iba a visitar a su familia, ya que lo hacía junto a los
Villegas, lo cual desautoriza esa coartada, ya que los Villegas no son su
familia”.
Respecto a que se hizo el viaje para comprar seis bicicletas,
el tribunal entendió que “este es el negocio de plata chica; los billetes
grandes estaban en el valor de los 79 kilos de cocaína, equivalente en una suma
de 200 mil dólares, unos 28 millones de pesos, sin tener en cuenta que más al
sur, ese valor se incrementa; por lo que la adquisición de bicicletas es un
negocio de moneda que da una cobertura, pero lo más sospechoso fue que hayan
regresado sin esa carga ni ninguna otra que podrían haber comprado en Bolivia”.
NF